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Ciudades resilientes frente a los desastres naturales

Ciudades resilientes frente a los desastres naturales

La DANA, más conocida como gota fría, arrasó localidades enteras este verano. Al menos trece municipios españoles quedaron cubiertos por agua y lodo. En lo que llevamos de año, varios países de Asia y Latinoamérica fueron golpeados por seísmos de distintas intensidades. Riadas, incendios, tsunamis… Los desastres naturales son cada vez más frecuentes, aunque lo más preocupante es su intensidad, cada vez mayor.

UNISDR ha desarrollado un instrumento de autoevaluación que mide la capacidad de adaptación de las ciudades al cambio climático

Para prevenir –o, al menos, intentar evitar daños irreparables– la Oficina de las Naciones Unidas para la Reducción del Riesgo de Desastres (UNISDR) ha desarrollado un instrumento de autoevaluación para Gobiernos locales sobre la resiliencia a desastres que ayuda a los consistorios a determinar su capacidad de adaptación frente al cambio climático y les ofrece las herramientas necesarias para llevar a cabo los cambios pertinentes.

Las ciudades también disponen de diferentes instrumentos con los que pueden transformarse en lugares mucho más resilientes a los retos físicos, sociales y económicos a los que se enfrentarán en las próximas décadas. Más allá de los desastres naturales, las urbes del siglo XXI tendrán que abordar problemáticas varias como las altas tasas de desempleo, la mejora de sistemas de transporte público ineficientes, la violencia endémica o la escasez crónica de agua y comida.

100RC proporciona los recursos que necesitarán las instituciones locales para desarrollar hojas de ruta que les ayuden a rediseñarse

La iniciativa 100 Ciudades Resilientes (100RC) proporciona los recursos que necesitarán las instituciones locales para desarrollar hojas de ruta que les ayuden a rediseñarse dentro de los parámetros de la resiliencia urbana: serán capaces de transformarse en urbes cuyos individuos, comunidades, instituciones, negocios y sistemas tendrán la habilidad de sobrevivir el estrés crónico o los shocks que experimenten, adaptarse y crecer.

Esta iniciativa de la Fundación Rockefeller actúa a nivel local para arrojar algo de claridad ante el futuro incierto de las ciudades, que tendrán que ser capaces de adaptarse al cambio climático y al crecimiento masivo que sufrirán en los próximos años. Para ello, 100 RC ofrece propuestas concretas para que los miembros de la sociedad civil, de las instituciones públicas y del sector privado sean capaces de tomar decisiones que impacten positivamente en sus localidades.

La arquitectura sostenible es clave a la hora de desarrollar políticas de rediseño de las ciudades. Si se construyen edificios resilientes, es decir, capaces de recuperarse (o sobrevivir) a un desastre, entonces las comunidades que viven en ellos también serán resilientes. Para ello, tanto UNISDR como 100RC proponen apostar por materiales de construcción sostenibles (ecológicos y reciclados) y por las energías renovables –capaces de sobrevivir a una catástrofe con más facilidad que las energías no limpias–. Además, proponen la reutilización de recursos, como las aguas residuales, y el autoconsumo energético para enfrentarse a las primeras etapas después de una catástrofe.

Si, según la RAE, la resiliencia es «la capacidad de adaptación de un ser vivo frente a un agente perturbador o un estado o situación adversos», las ciudades son seres vivos en tanto en cuanto que están en continuo cambio y movimiento, y que dan cobijo a millones de personas (y animales). Por eso es tan importante que seamos capaces de transmitir la capacidad de resiliencia humana a los lugares en los que vivimos: si nuestras ciudades se transforman, la calidad de vida (y el bienestar) de todos, también.