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La lenta agonía del Mar Menor: crónica de una muerte anunciada

La lenta agonía del Mar Menor: crónica de una muerte anunciada

El pasado 14 de octubre el territorio costero de San Pedro del Pinatar, bañado por las aguas del Mar Menor, amaneció con una imagen apocalíptica: miles de peces y crustáceos se agolpaban en las orillas. Algunos ya estaban muertos, otros aún agonizaban. Los primeros días de la crisis, las autoridades gubernamentales señalaron, como causa principal, a las fuertes lluvias torrenciales provocadas por la Depresión Aislada en Niveles Altos (DANA) o gota fría. Una conclusión que, si bien es cierta, no deja del todo satisfechos a los grupos ecologistas ni a los murcianos, que llevan denunciando durante años la impasividad de las autoridades locales y su permisividad con las explotaciones agrícolas, así como la promoción descontrolada de modelos urbanísticos que alteran el medioambiente.

La DANA ha llenado de agua dulce la albufera murciana, alterando sus componentes químicos y provocando que los peces se dirigieran hacia las costas

Las precipitaciones de la DANA han llenado de agua dulce la albufera, lo que ha alterado los componentes químicos del agua, reducido el oxígeno y provocado que los peces, incapaces de respirar en el área afectada, se dirigieran hacia las costas tratando de encontrar bolsas de agua limpia. Sin embargo, la causa que subyace ante la crisis del Mar Menor no es reciente. Los efectos directos del cambio climático agravan la situación, pero su origen se encuentra en el exceso de regadíos intensivos –muchos de ellos ilegales y otros “legalizados” por la Conferencia Hidrográfica del Segura–, las plantas desalinizadoras del Campo de Cartagena, que vierten productos químicos a las ramblas de la zona –que desembocan en el Mar Menor– y las grandes recalificaciones del suelo promovidas por el Gobierno de Murcia. Una mezcla peligrosa que científicos y ecologistas han denunciado desde hace años.

La respuesta de la sociedad civil: ¿por qué ahora?

«¿Dónde está mi oxígeno?». «No hay un Mar Menor B». «El Mar Menor no es un contenedor». Estas son algunas de las consignas que pudieron leerse en la marcha multitudinaria que inundó las calles de Cartagena bajo el lema SOS Mar Menor la última semana de octubre. Cincuenta y cinco mil personas exigían medidas institucionales para revertir una situación insostenible y evitar que se vuelva a la preocupante sopa verde de 2016 –en referencia a la crisis que sufrió la albufera mediterránea tras el aumento de la clorofila, lo que le confirió un característico color verdoso–. Los vecinos de la zona están cansados de la dejadez de las instituciones y reclaman actuaciones urgentes para paliar el mal estado en el que se encuentra el Mar Menor. «La única vez que me he bañado acabó picándome todo el cuerpo. Al ducharme, el agua salía marrón», comenta un vecino de la zona. «Ahora parece que por cuatro datos la gente sale a las calles, pero no es algo reciente», sentencia. Los pescadores también se han pronunciado y califican que la situación era «una bomba a punto de explotar». Los recientes acontecimientos tan solo han visibilizado una crisis endémica que padece la región de Murcia.

¿Es posible revertir la situación? Aún es difícil saberlo. Las organizaciones ecologistas defienden que la recuperación de la calidad del agua en el Mar Menor pasa por un trabajo conjunto entre el Congreso de los Diputados, el Gobierno regional de Murcia, la Confederación Hidrográfica del Segura y los ayuntamientos locales. Restringir los regadíos intensivos es un objetivo primordial, como señalan diferentes oenegés ecologistas, pero también preservar la limpieza de los océanos a través de campañas de concienciación social y otros movimientos colaborativos. Es el caso de Upcycling the Oceans, un proyecto pionero promovido por Ecoembes que busca recoger residuos de los fondos marinos para transformarlos en hilo de primera calidad. Tal vez, con más iniciativas como esta consigamos no solo que el Mar Menor deje de agonizar, sino que nuestros océanos vuelvan a respirar tranquilos.