Especial COP25

Todo en el aire

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Cuando queda apenas un día para el final de la cumbre, todavía está pendiente resolver lo que Naciones Unidas se había propuesto como objetivos en la COP de Madrid (muy probablemente, cuando esté leyendo este post algunas de las cuestiones que damos por pendientes ya estén aprobadas). Pero ¿en qué se podría avanzar de cara a la COP de 2020 en Glasgow? Hay varios temas en el aire.

Quizás el más importante es la aprobación del artículo 6 del Acuerdo de París que regula la estructura de los futuros mercados de carbono. Este artículo, que implica también al sector privado, tiene como objetivo establecer un nuevo de mercado de intercambio de emisiones que venga a sustituir aquellos que ya existen (por ejemplo en la UE) nacidos bajo el paraguas del Protocolo de Kyoto, donde solo los países desarrollados (concretamente 37) se comprometieron a la reducción de emisiones, mientras que Estados como China o India, aunque son firmantes del protocolo, no estaban obligados a marcar un compromiso fijo de reducción.

Por el contrario, el nuevo mercado de carbono cambiaría las reglas actuales sobre quiénes compran y quiénes venden derechos de emisión. Sería, al fin y al cabo, una actualización y mejora del actual mapa de los países más contaminantes y sus obligaciones, acorde con un nuevo estatus geopolítico y económico a nivel mundial.

ambiente cop25

Esto es precisamente lo que fuentes oficiales de las negociaciones reconocieron ayer: el mundo y su geopolítica están influyendo enormemente en esta cumbre. Las nuevas potencias económicas, las que dominan el mercado global, pueden llegar a tener una visión muy diferente de la gobernanza mundial y el multilateralismo a la que tenían las potencias europeas.

A esto, le añadimos que Estados Unidos ni está ni se le espera en cualquier aspecto que tenga que ver con el avance de una política climática global, aunque esto dependerá en gran medida de qué pase en sus elecciones presidenciales en noviembre de 2020 (la salida de EEUU del Acuerdo de París está prevista para el 4 de noviembre, pero la salida efectiva será el 4 de diciembre, cuando ya se hayan celebrado dichas elecciones).

Pero este cambio de juego no solo afecta a los países. Los propios mecanismos de las cumbres del clima se están quedando obsoletos frente a una realidad cambiante. Por un lado, empresas y sociedad civil llaman a la puerta del multilateralismo y quieren un lugar en la toma de decisiones. Por otro, a la propia agenda temática de las cumbres le cuesta entender que hay aspectos que han cambiado. Lo que antes era un esquema internacional donde se tomaban decisiones macro para que después cada país actuara a su manera en lo micro, se ha quedado obsoleto. Por eso, hay temas transversales como la gestión de los océanos o del suelo, que cuesta encajar en las negociaciones.

“La evidencia de la necesidad de integrar la acción climática y océanica ahora es inequívoca. Debemos evitar que los escépticos del océano en la sala de plenarios bloqueen esta integración”

Precisamente, esta cumbre es llamada la Blue COP, porque los océanos ocupan un lugar protagonista. Así los quiso la presidencia chilena. Ayer, científicos y activistas oceánicos afirmaron que el texto final de la cumbre en este tema debería reconocer, por primera vez, el rol esencial del océano como parte integral del sistema climático de la Tierra y señalar un proceso para integrar formalmente el diálogo sobre el nexo océano-clima. Estas fuentes subrayan que el texto final aún se está negociando, pero que si se adopta representaría «un primer paso positivo y mínimo para integrar el océano en el proceso de la COP, algo que hasta ahora lamentablemente ha faltado». Por su parte, Rémi Parmentier, secretario de Because of the Ocean dijo que “La evidencia de la necesidad de integrar la acción climática y océanica ahora es inequívoca. Debemos evitar que los escépticos del océano en la sala de plenarios bloqueen esta integración”.

Otro de los problemas para renovar los mercados de carbono es que hay países, como el caso de Brasil, que todavía tienen una gran cantidad de créditos de C02 según el mecanismo actual y no están dispuestos a perderlos. Estos créditos se otorgan a proyectos que reducen las emisiones o sirven de sumideros (por ejemplo la reforestación). Los créditos están certificados y son “comprados” por aquellos países o empresas que emiten más C02 del que tienen permitido. En otras palabras, Brasil tiene un “hucha” de créditos que no quiere perder. En la misma postura están países como China e India.

No obstante, y según las mismas fuentes de la cumbre, el cambio climático está siendo un transformador de la geopolítica mundial y tanto la “mochila” ecológica de cada país como sus aspiraciones a recolocarse en el tablero global (no solo su nuevo papel, sino también la relación con otros países) son diferentes. En este contexto, por ejemplo, están economías muy potentes como la India, cuya voluntad es avanzar hacia la transición ecológica, pero su realidad es la alta dependencia de sus recursos fósiles, en este caso el carbón.

ambiente España COP25

En todo caso, el objetivo para hoy, último día de la cumbre, es sacar adelante la aprobación de un nuevo mecanismo del mercado del carbono con un modelo que integre a todos los países y que también permita a las empresas que están alineadas con la ambición climática poder tener unas reglas normalizadas a nivel internacional. Incluso se está debatiendo la posibilidad de que las operaciones que se hagan en el mercado de emisiones aporten una cantidad al Fondo de Adaptación para los países en desarrollo.

Ayer mismo, el presidente de la CEOE, Antonio Garamendi, intervenía en una sesión sobre el papel de las empresas en el cambio climático afirmando que es necesario, según apunta el ODS17, nuevas alianzas y colaboraciones público-privadas para afrontar la transición ecológica y pidiendo que el Gobierno aumente hasta el 3% el gasto en innovación.

Ayudar a los más vulnerables

Otros temas pendientes son el mecanismo de “pérdidas y daños” (especialmente para los países del Pacífico y del Caribe). En este punto, fuentes de la cumbre reconocen que cada país tiene sus particularidades, porque les afecta el cambio climático de manera diferente. Por ejemplo, en España es especialmente preocupante la gestión del agua y la desertización. Las delegaciones nacionales de la COP todavía están estudiando este tema, aunque ya se reconoce que hay ciertas circunstancias en las que será difícil aplicar mecanismos de ayuda para la mejora de la adaptación, por ejemplo en el caso de los estados insulares y zonas del continente africano que poco (o nada) pueden hacer frente a la subida del nivel del mar.

Esto resulta clave, porque del éxito en el avance en aspectos de adaptación dependerá en gran medida el futuro de los refugiados climáticos del mundo durante el siglo XXI. Los facilitadores de este tema son Noruega y Granada (la presidencia de la cumbre cuenta con la figura de los facilitadores para gestionar las negociaciones en cada punto del debate), que ya están trabajando en dos aspectos: reforzar la inversión y crear un grupo de trabajo para hacer el seguimiento tras la COP25.

También se están negociando las llamadas “medidas de diversificación” que, aunque no suponen fondos económicos, son una ayuda de la comunidad internacional para facilitar a determinados países su transición ecológica. Por ejemplo, se presta ayuda par que los Estados cuyas economías dependen altamente de sus recursos en combustibles fósiles puedan hacer una transición justa. Es el caso de países con petróleo como México, Ecuador o Nigeria, aunque paradójicamente también entran los países árabes. Por ello, se tendrá muy en cuenta el PIB y la riqueza de cada país a la hora de proponer estas ayudas.

Fondo Verde

Otro de los temas críticos de la cumbre es la financiación a los países en desarrollo (el Fondo verde, que tiene como objetivo mover 100.000 millones de dólares anualmente a partir de 2020), relacionado con la mitigación y adaptación al cambio climático. Aunque ahora estamos en un momento en el que no parece que se vaya alcanzar dicha inversión a partir del año que viene, hay países ya comprometidos.

firma fondo verde

De hecho, por parte de España ayer se produjo la firma oficial de lo que ya adelantó Pedro Sánchez, presidente del Gobierno en funciones, en la cumbre del clima celebrada en septiembre en Nueva York.  La ministra de Economía y Empresa, Nadia Calviño, y Yannick Glemarec, director ejecutivo del Fondo Verde Climático, formalizaron la aportación de España de 150 millones de euros para los próximos cuatro años. Calviño recordó que el Fondo Verde Climático es el principal mecanismo de inversión y financiación para la transición ecológica de la Convención Marco de Naciones Unidas para el Cambio Climático (CMNUCC-UNFCCC).

Crece la ambición climática

En la parte más positiva de la cumbre, encontramos el aumento en el número de países que se han sumado a la Alianza por la Ambición Climática lanzada en septiembre por Naciones Unidas, aprovechando la celebración de una cumbre sobre el clima en el contexto de su asamblea general anual. Sin embargo, en esta lista de firmantes no encontramos a los países más emisores, como Estados Unidos, China o India.

La presidenta la de la COP25 y ministra de Medio Ambiente de Chile, Carolina Schmidt, anunció que 73 naciones han manifestado su intención de presentar un plan de acción climática mejorado (o Contribución determinada a nivel nacional, NDC) y que 11 naciones ya han comenzado un proceso interno para impulsar un aumento en su techo de reducciones de emisiones en  sus planes nacionales para 2020 (entre ellos España, Francia y Alemania), según lo establecido en el Acuerdo de París  Por otro lado, y también bajo el principio de la Alianza de Ambición Climática, 73 Partes en la CMNUCC (Gobiernos), 14 regiones, 398 ciudades, 786 empresas y 16 inversores están ya trabajando para lograr emisiones neutras para 2050 (ver lista completa de países).

Hay que recodar que según las últimas advertencias del Panel Intergubernamental de Cambio Climático (IPCC) ha dicho que con la reducción comprometida ya por los países firmantes del Acuerdo de París la temperatura podría aumentar por encima de los 3 grados durante el siglo XXI. Si queremos que no pase de un incremento de 1,5 grados habría que multiplicar por cinco la reducción de emisiones respecto a lo ya comprometido.

No obstante, según las mismas fuentes de la cumbre antes mencionadas, y a pesar de que el Acuerdo de París indica que cada cinco años habría una revisión de los compromisos (toca en 2020), hay varios países que se están “enganchando” a la letra pequeña del Acuerdo para defender que en realidad los Estados tienen hasta el año 2023 para revisar dichos compromisos.  Parece que claro que la ambición climática global tampoco avanza tanto como le gustaría a la presidencia de la COP25.

“La ambición climática tiene que suceder fuera y dentro de estos muros»

Teresa Ribera, ministra para la Transición Ecológica de España y una de las facilitadoras de las declaraciones finales nombrada por la presidencia de la COP, ha comentado que “la ambición climática tiene que suceder fuera y dentro de estos muros; dentro de estos muros con procesos de gobernanza que a veces son complicados pero que son fundamentales para activar todos los resortes que tenemos que aplicar. Y fuera de estos muros vemos cómo hay una gran actividad que se plasma en el interés de los inversores, de las empresas y de muchos ministros sectoriales”.

Hablando de las negociaciones de la COP propiamente dichas, Ribera afirmó que “estamos viendo una tensión entre aquellos que consideran que no basta con ordenar las fases de  transformación y construcción del sistema de gobernanza multilateral, sino que también necesitamos incidir ya de manera adelantada  la necesidad de respuesta al cambio climático y avanzar más deprisa y con más ambición, hay otros  que pretenden que nos quedemos  en la letra pequeña, en el paso a paso, cumpliendo exclusivamente lo que se dijo en París hace cuatro años. Esto es lo que explicaría porqué muchos de los grupos de negociación están todavía en stand by”.

Aunque la ministra no dio nombres concretos de “esos otros países”, sí comentó que durante las declaraciones en los plenarios se ve que hay naciones con grandes economías cuyos líderes no están convencidos de la trascendencia que tiene la actuación en materia del clima y se resisten a avanzar.