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Navidad, sostenible Navidad

Navidad, sostenible Navidad

Si los tres fantasmas de la Navidad se nos presentaran este año como a Ebenezer Scrooge en el omnipresente Cuento de Navidad de Chales Dickens, la historia podría ser muy distinta a la que conocemos. Teniendo en cuenta que el cambio climático es la principal preocupación de la humanidad, según el último informe del Centro de Investigaciones Pew publicado a inicios de este año, los mensajes de los tres entes, probablemente, irían por otros derroteros un tanto más globales e, incluso, fatalistas. Quizá el fantasma del pasado hablara de derroche y ceguera medioambiental; el del presente, de conciencia para con el planeta y de cierta irresponsabilidad en el consumo; y el del futuro, siempre pesimista para inducir el cambio, de un planeta destruido por los deshechos.

Los mercados de abastos garantizan la obtención de productos frescos, sin envases innecesarios, e incentiva el comercio local

Siendo esta época la del exceso casi por definición, los gestos cotidianos son más necesarios que nunca. El primero de todos y el que definirá nuestros actos es la planificación. Saber qué se va a servir en las mesas festivas es fundamental, y considerar el aprovechamiento el mejor de los lujos es la solución definitiva para reducir el desperdicio de alimentos. Escogiendo las recetas con antelación, haciendo una lista de la compra con lo estrictamente necesario para elaborarlas y ciñéndonos a ella se puede prevenir que toneladas de alimentos acaban en los cubos de la basura. Además, elegir los mercados de abastos garantiza la obtención de productos frescos, sin envases innecesarios, e incentiva el comercio local, favorece un cara a cara con el comerciante, que nos puede aconsejar sobre su mejor elaboración. El consumo responsable en esta época es especialmente importante por las cantidades de marisco, pescado y carne que se consumen. Por ello, los expertos recomiendan escoger los que garantizan un trato responsable con el planeta y con los productores, buscando sellos de certificación ecológica y preguntando la procedencia de los productos.

Más allá de escoger una alimentación responsable durante estas Navidades, es importante recordar que adornar la casa no tiene que pasar por poner más luces que la Gran Vía madrileña. Utilizar bombillas de bajo consumo y moderar su cantidad no significa reducir también el espíritu navideño, pero sí el consumo de luz y, de paso, la factura. Un gesto tan sencillo como este lo puede cambiar todo, al igual que elegir servilletas de tela y no de papel, utilizar papel de envolver no plástico y reciclarlo, poner programas «eco» en el lavavajillas o reutilizar el calor del horno para seguir cocinando.

Otro gran clásico navideño son los regalos. No podemos olvidar que hay miles de opciones más responsables y originales que recurrir a los grandes almacenes de costumbre. Los mercados que en estas fechas abren sus puertas a artesanos y pequeños productores son además un plan de ocio perfecto. Sucede como en los mercados de abastos: comprar en ellos incentiva la economía de la zona, impulsando así más propuestas sostenibles, y promueven un consumo cercano con el productor. Por todos es sabido que conocer la historia detrás de un producto es el primer paso hacia el consumo responsable. Un buen ejemplo de esto es el Recycling Market que organiza Ecoembes en Madrid. En él se venden muebles, ropa, electrónica y alimentos de productores y creativos con una conciencia medioambiental destacable. También se desarrollan talleres infantiles de creación de juguetes y adornos navideños con material reciclado, y para adultos que van desde la construcción de candelabros y árboles de Navidad al cultivo de setas y cursos de cocina, todo con materiales sostenibles. Sensibilizarse con el cuidado del medio ambiente empieza con pequeños gestos que cuidan del planeta y de nosotros.