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Diez especies invasoras en España

Diez especies invasoras en España

La Ley de Patrimonio Natural y de la Biodiversidad define como especie exótica invasora a «aquella que se introduce o establece en un ecosistema o hábitat natural o seminatural y que es un agente de cambio y amenaza para la diversidad biológica nativa». Además del daño medioambiental, las especies invasoras son también un problema económico. La Unión Europea calcula, en el informe Especies exóticas invasoras: la respuesta de la Unión Europea, que en los últimos 20 años han costado al menos 12.000 millones de euros anuales.

El mejillón cebra ha provocado daños por valor de 1.600 millones de euros en los últimos diez años.

A pesar de que España, según el informe de la Comisión Europea, no se encuentra entre los países de la UE más afectados por las especies invasoras, sí cuenta con algunas que necesitan medidas de erradicación y prevención, como el mejillón cebra. Originario de la cuenca fluvial de los mares Negro, Caspio y Aral llegó de manera accidental a nuestro país, acumulándose principalmente en la cuenca del Ebro. Los expertos del proyecto Irrizeb sobre el control de este animal calculan que ha provocado daños por valor de 1.600 millones de euros en los últimos diez años. El problema radica en sus altas tasas de reproducción y en los daños que provoca en los sistemas de regadío y demás infraestructuras al adherirse a superficies duras como tuberías.

La rana toro está considerada como una de las cien especies invasoras más agresivas por su impacto medioambiental.

Lo cierto es que el río Ebro se ha convertido en el nuevo hogar de varias especies invasoras, como el caracol manzana, el siluro y la rana toro. El primero de ellos, procedente de Argentina, «causa verdaderos desequilibrios naturales y destrucción del cultivo de arroz por ingestión de la semilla sembrada y de las pequeñas plantas de arroz», explican desde SEO/BirdLife. El siluro, por su parte, es un pez de grandes dimensiones –puede alcanzar hasta los dos metros de longitud– que fue introducido en la cuenca del Ebro para la pesca recreativa. Es extremadamente voraz y se alimenta de cualquier tipo de pez, anfibio, ave acuática e incluso mamífero. El último de los inquilinos de este río español, la rana toro, es originaria de América y está considerada por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza como una de las cien especies invasoras más agresivas por su impacto medioambiental.

Otras dos especies invasoras que habitan en el medio acuático español son la tortuga de florida y el cangrejo rojo. La primera puede encontrarse en casi cualquier parte de España –la estación de tren de Atocha, en Madrid, tuvo que trasladar a las trescientas galápagos que vivían en su estanque– ya que fue una mascota muy codiciada unos años atrás. Son más grandes, agresivas y voraces que las tortugas originarias de la península por lo que se convierten en un foco de pérdida de biodiversidad. El cangrejo rojo puede encontrarse principalmente en el sur y en el este de España, donde se introdujo en la década de los 70 para la pesca.

En tierra firme, el mapache, procedente de América, lleva extendiéndose por Madrid más de una década. Se reproduce de manera muy rápida y carece de depredadores naturales, lo que lo convierte en una gran amenaza. Se trata de un mamífero muy territorial que ataca a la fauna local y, además, transmite enfermedades como la rabia. También procedente del continente americano encontramos, asentado principalmente en el norte peninsular, al visón americano. Su origen, explica el Ministerio para la Transición Ecológica, «son granjas de cría en cautividad existentes para el comercio peletero» y su presencia amenaza a varias especies, entre ellas el visón europeo.

En lo que a aves se refiere, dos cotorras están consideradas como especie invasora en nuestro país: la cotorra argentina y la de Kramer, originarias de Sudamérica y África y Asia, respectivamente. Ambas, de un color verde muy vistoso, pueblan los parques de las ciudades tras escaparse o ser liberadas de los hogares donde las tenían como mascota. Su rápida proliferación pone en peligro tanto a la flora como a la fauna autóctona, llevando a ciudades como Madrid a diseñar un plan para eliminar a los cerca de 12.000 ejemplares que habitan en su territorio.

Todos ellos pudieran parecer animales inofensivos, y podrían serlo siempre y cuando estuviesen en su hábitat natural. Sin embargo, introducidos en nuestros ecosistemas –ya sea por descuido o por error–, los destruyen lentamente y contribuyen a la tan preocupante crisis de biodiversidad en la que está inmerso le planeta.