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El otro vuelo de las aves: la voz de alarma de la emergencia climática

El otro vuelo de las aves: la voz de alarma de la emergencia climática

«Estamos ante un momento decisivo. El mundo dirige la mirada al cambio climático. Las evidencias son absolutas y las aves nos llevan alertando desde hace tiempo», afirman desde SEO/BirdLife. «El hecho de que el corredor sahariano críe en Granada puede ser una nueva evidencia», matizan desde la ONG que tiene como objetivo el estudio y la conservación de las aves y sus hábitats.

El cursorius cursor o corredor sahariano es un ave característica del norte de África y otros ecosistemas desérticos como, por ejemplo, las islas Canarias. Sin embargo, desde hace unos años, también lo podemos encontrar en poblaciones del sur de la península ibérica, como Granada o Almería. ¿El motivo? El cambio climático está alterando sus hábitats y forzándole a buscar nuevos entornos donde hibernar. Las profundas sequías, las intensas inundaciones o el incremento de los incendios forestales son algunas consecuencias medioambientales que están rediseñando la fenología –o el estudio de los fenómenos biológicos en relación con el clima, especialmente en los cambios estacionales– y sus mapas de distribución. Nuestro país es una zona de paso y de invernada para las aves que, normalmente, realizan la ruta entre Europa y África. Ahora, algunos de estos animales que hace tan solo unas décadas invernaban en África se quedan en España; otros, que lo hacían en nuestro país, se han desplazado más al norte. Es la ley de la supervivencia: adaptarse para no desaparecer.

Los bioindicadores climáticos son las especies que, por su aparición en el medio o su adaptación a los cambios evolutivos, dan prueba del cambio medioambiental

Como consecuencia directa del calentamiento global, no solo se están trastocando las migraciones de ciertas especies, sino que también se está poniendo en peligro la continuidad de muchas otras, como el urogallo o la perdiz pardilla. Las hay incluso que, al verse alterado su ciclo migratorio, realizan la reproducción cuando la disponibilidad de alimento es escasa, lo que pone en riesgo el éxito de la época de cría. Los científicos e investigadores lo denominan «bioindicadores climáticos», es decir, aquellas especies que por su aparición en el medio o su adaptación a los cambios evolutivos dan prueba del cambio medioambiental que estamos viviendo.

El cambio climático no afecta por igual a todas las especies de aves

A pesar de que no existen demasiados estudios que aborden el impacto del cambio climático sobre las poblaciones a gran escala, el estudio La respuesta consistente de las aves al cambio climático en dos continentes, publicado por la revista Science, plantea un sistema de predicción de este impacto y divide a las aves en dos grupos: las que saldrán perjudicadas por el calentamiento global y las que, por el contrario, verán sus poblaciones aumentadas con la subida de las temperaturas. La investigación, en la que se han analizado 380 aves comunes reproductoras de Estados Unidos y 145 de Europa, parte de la premisa de que el cambio climático no afecta por igual a todas las especies. Así, el petirrojo europeo o el pájaro carpintero picapinos, por ejemplo, se verían favorecidas al aumentar sus poblaciones y ampliarse su distribución geográfica. Por su parte, la collalba gris o el escribano cerillo, entre otras, salen perjudicadas como consecuencia directa de la reducción tanto de sus poblaciones como de su área de distribución.

Es innegable que la emergencia climática está alterando profundamente la biodiversidad del planeta y, con ello, la supervivencia de tantas aves que cambian los paisajes montañosos septentrionales por los árboles mediterráneos o acortan su traslación al norte de España quedándose en la mitad sur. ¿Se adaptarán el corredor sahariano y la cigüeña blanca a su nuevo hábitat o terminarán por extinguirse?