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Doñana, los cuatro reinos en uno

Doñana, los cuatro reinos en uno

Primero fue mar, después un estuario, más tarde un lago y, ahora, marisma. De forma natural, el Parque Nacional de Doñana terminará siendo un espacio aterrado, una planicie sin inundación. Esto no quita saber reconocer que son los factores antrópicos, los provocados por el hombre, los que amenazan su supervivencia.

E n 1952 llegan dos jóvenes a Doñana en una barquita. Son los primeros que aparecen a causa de los pájaros de este famoso y Real coto de caza, pero no con escopeta, sino con prismáticos. Se llaman José Antonio Valverde y Francisco Bernis y pronuncian palabras como ecología o ecosistema en un país en el que sigue vigente el decreto de alimañas: matar a un lince o un águila se paga a 15 pesetas. Malos bichos, pues comen lo mismo que come el humano: conejos y perdices.

La epopeya que llevó a Valverde – un vallisoletano sin dinero, tuberculoso y, por ambas cosas, carente aún de estudios– a salvar Doñana del avance de eucaliptos y arrozales adquiere el carácter de colosal al saber que, de paso, fue el responsable de que se creara WWF, hoy la mayor organización conservacionista mundial.

Doñana se convierte en parque nacional gracias al sentido común de muchos ornitólogos europeos que, espoleados por Valverde y sus estudios de campo, entienden que las aves que disfrutan llegan hasta sus países gracias a esa estación de paso llamada Doñana, coto de caza propiedad de marqueses… entre ellos uno sí con visión ambiental: Mauricio González Gordon, el dueño del vino Tío Pepe.

Tal aventura, en la que intervienen reyes, dictadores, guardas, bodegueros, millonarios suizos, los primeros biólogos españoles… culmina en 1969 con un parque nacional de carácter milagroso. Por su origen, en lucha contra las fuerzas del desarrollismo franquista, y por su ubicación: accesible, litoral, tentador para el turismo, la agricultura, o la caza. En realidad, amenazas muy parecidas a las que sufre hoy, cuando se cumplen 50 años del primer espacio protegido de Andalucía, la comunidad más biodiversa de la península.

Los pozos ilegales, el regreso de la minería o el cambio climático amenazan el bosque sagrado andaluz

Doñana resuena en toda Europa cuando salta alguna polémica, porque fue allí donde trabajó el motor de su protección que puso en marcha Valverde. A los pasados problemas de la
basura que dejaban los rocieros, o el uso de pesticidas en el gigantesco arrozal vecino, les han sucedido hoy el abuso del agua por parte de agricultores ilegales, el regreso de la minería, la construcción de autovías o el cambio climático.

Setenta científicos de la Estación Biológica de Doñana buscan respuesta a problemas ecológicos que luego serán aplicables en todo el mundo. Forman un batallón que reafirma la importancia de este parque, que reúne a los cuatro reinos: mar, dunas, marisma y monte. Los científicos, como esa inmensa mayoría de habitantes del entorno que respeta a Doñana, tienen
la fortuna de gozar en su vida diaria del bosque sagrado andaluz.

Un territorio jovencísimo, de pocos miles de años, nacido de los sedimentos del Guadalquivir y de las arenas traídas por el viento del oeste. Un parque sorprendente, el primero no montañoso de España, y que de verano a invierno cambia de secarral a gigantesco mar dulce.

En su suelo han buscado, sin éxito, a Tartessos y a la Atlántida. Lo que aparece bien a la vista es el tesoro de la armonía de la vida. Para qué más.