Social

El retorno a lo artesanal: los oficios que se pueden perder (o no)

El retorno a lo artesanal: los oficios que se pueden perder (o no)

En un mundo dominado por la tecnología y sus continuas actualizaciones, no parece haber sitio para los vestigios del pasado. Las señales de alarma respecto a la supervivencia de determinados oficios artesanales llevan tiempo encendidas. La progresiva despoblación de las zonas rurales, la mecanización de productos y servicios y un gusto cada vez más industrializado y estándar de la sociedad de consumo amenazan desde hace años con condenar a la extinción a profesiones que cultivan el gusto por el trabajo manual personalísimo. Pese a ello, valientes relojeros, alfareros, entoladores, lagareos, zapateros, costureros o esparteros resisten numantinamente. Pero todo tiene un límite. Y este parecía haber llegado con la actual revolución digital. Sin embargo, cuando todo hacía pensar que la cuarta Revolución Industrial daría la puntilla definitiva a este colectivo de románticos, los vientos empresariales podrían volver soplar en su dirección. ¿Y si la digitalización, en lugar de suponer el certificado de defunción para estas profesiones, lo que trajera fuera un saco de oportunidades para una nueva generación de estos outsiders?

Pensémoslo por un instante. En realidad, muchos elementos soplan a favor de estos profesionales. En primer lugar, el ecosistema emprendedor premia las aventuras empresariales valientes e innovadoras. Y, ¿qué puede haber más valiente que dar continuidad a un negocio en el que muy pocos creen, ni más innovador que darle una vuelta de tuerca a oficios centenarios? La fortuna también parece sonreír a quienes desarrollan una marca personal potente. ¿Y qué sector más propicio para hacerlo que uno en el que es el propio empresario quien, con sus manos de artista, aporta el valor diferencial a su trabajo? Las redes sociales abren un escaparate inmenso para que estos artesanos 4.0 expongan sus credenciales y le hagan ver al mundo que lo carca es, precisamente, darle la espalda a la tradición. Una tradición, eso sí, con un look algo hipster y adaptada al siglo XXI.

Los nuevos artesanos completan su formación tradicional con estudios superiores de diseño industrial

Y si hablamos de intangibles, la creciente sensibilización social hacia cuestiones como la sostenibilidad, la trazabilidad o el consumo responsable también apuntan en la dirección del retorno de lo artesanal. Lo mismo podría decirse de la encendida defensa de la España vaciada: el comercio electrónico ha hecho posible que ya no sea necesario viajar hasta el otro confín del planeta para adquirir un producto artesano de alta calidad. En la aldea global en la que se ha convertido el mundo, esto ya no supone un problema.

La propia tecnología no parece mirar con malos ojos a estas profesiones. Los nuevos artesanos están incorporando tecnología y metodologías innovadoras a su trabajo para mejorar sus procesos productivos e incrementar sus niveles de calidad.  La mayoría de ellos ha completado su formación tradicional como aprendices on the job con estudios superiores de diseño industrial o formación complementaria en materias digitales. La renovación en diseños, usos y líneas de negocio es otro de sus puntos fuertes.

En un entorno en el que los consumidores empiezan a mostrar síntomas de hastío prêt-à-porter podría haber una oportunidad para una nueva hornada de artesanos que sí son capaces de ofrecer un producto especial y genuinamente único a su público. Lo diferente es cool, y una escultura hecha de mimbre, baldosas con diseños exclusivos o un retrato bordado con punto de cruz no son cosas que uno pueda adquirir fácilmente en una franquicia o en un centro comercial. Lo suyo es disrupción pura. Disrupción con lo que, en realidad, siempre había estado entre nosotros.