Economía circular

Así es el Green Deal europeo

Así es el Green Deal europeo

En febrero de 2019, los cimientos del Capitolio en Washington temblaron. La congresista demócrata Alexandria Ocasio-Cortez presentaba ante sus puertas su ambiciosa iniciativa: el Green New Deal. El proyecto tomaba prestado su nombre del histórico New Deal de Franklin D. Roosevelt, aquel plan de choque económico que el carismático presidente puso en marcha en los años 30 del siglo pasado para ayudar a sacar al país de la Gran Depresión. Como aquel, este actual «nuevo acuerdo» se sustenta en el aforismo «situaciones desesperadas requieren medidas desesperadas». Así, Ocasio-Cortez puso sobre la mesa drásticos cambios estructurales destinados a combatir la emergencia climática.

El proyecto toma prestado su nombre del histórico New Deal de Franklin D. Roosevelt

El proyecto chocó con la oposición de amplios sectores de la sociedad estadounidense. Muchas de las propuestas demócratas, por otra parte, eran tan ambiciosas que rayaban la utopía, lo que ayudó a desinflar (en parte) el efecto Ocasio-Cortez. Aunque no del todo. La Unión Europea ha recogido su testigo, adaptando algunos de los planteamientos a las particularidades y necesidades del Viejo Continente. Así lo puso de manifiesto la presidenta de la Comisión, Ursula von der Leyen, cuando el pasado 11 de diciembre, en el marco de la COP25 celebrada en Madrid, presentó el European Green Deal, conocido como Pacto Verde Europeo.

Este nuevo Green Deal a la europea propone una hoja de ruta para llevar a los países de la Unión hacia un escenario de cero emisiones y economía limpia. En el horizonte, el objetivo de convertirse en el primer continente neutral para el clima en el año 2050. El plan contempla cincuenta acciones para la lucha contra el cambio climático. Entre ellas, la creación de un fondo de transición justa de 100.000 millones de euros para ayudar a la reconversión de las regiones más dependientes de los combustibles fósiles.

Europa tiene como objetivo convertirse en el primer continente neutral para el clima en 2050

Al igual que en el caso norteamericano, este gran acuerdo verde extiende sus redes por diversos frentes, desde la reducción de emisiones de CO2, hasta la preservación de la biodiversidad, pasando por la apuesta por la economía circular y la creación de nuevas oportunidades económicas más verdes. El pacto también incluye una relación de las inversiones que será necesario realizar, así como de los recursos que se tendrán que desplegar para llevar a cabo una transición justa.

La Unión Europea propone, pero serán los Estados miembro los encargados de materializar muchas de estas recomendaciones, con bastante libertad para adaptarlas a sus circunstancias particulares y velocidades. El organismo europeo, eso sí, además de marcar el itinerario, establece una serie de puntos de control o metas intermedias a través distintas directivas de obligado cumplimiento. Es el caso, por ejemplo, de la Directiva sobre Fiscalidad Energética, dirigida a penalizar el abuso de los combustibles fósiles.

De esta forma, la UE recoge el testigo del liderazgo en la lucha contra la emergencia climática que hace un año intentaron enarbolar con más entusiasmo que éxito algunos sectores de la política norteamericana. A favor de la candidatura europea está el hecho de que se siente respaldada por la opinión pública. Según los estudios que maneja la UE, el 93% de los ciudadanos europeos considera que el cambio climático es un problema serio. Los movimientos de los Gobiernos de países con peso específico en la Unión como Alemania, Francia o España también parecen indicar que sopla viento a favor y que quizá, después de todo, aún sea posible meter a un ecologista en la corte de Europa.