Innovación

Por qué debemos humanizar la innovación

Por qué debemos humanizar la innovación

La tecnología es el medio, nunca el fin. Debe pensarse para las personas y sus entornos. El siglo XX nos enseñó que el humanismo y la sostenibilidad son los visados del verdadero progreso.

No estamos tanto en una época de cambios como en un cambio de época, marcado de manera muy determinante por la tecnología. Es verdad que la innovación tecnológica siempre ha estado en la base de las principales revoluciones económicas de nuestra historia, pero los desarrollos tecnológicos nunca han sido tan relevantes y trascendentales como lo son hoy.

La inteligencia artificial y, más concretamente, el machine learning, son ya una realidad que permite un desarrollo autónomo y a gran velocidad de nuevos avances que, de momento, están en manos de unos pocos, quienes están sabiendo entender las dinámicas y capturando el máximo valor muy al margen del conjunto de la sociedad.

Si queremos que esas tecnologías potencialmente transformadoras se distribuyan y, con ello, el progreso que generan al conjunto de la sociedad, debemos hacer un esfuerzo consciente en reducir esas brechas tecnológicas. Y eso solo lo vamos a poder hacer humanizando la innovación.

No se trata de otra cosa sino de entender la tecnología como una herramienta al servicio de las personas, y no al revés. Vivimos en tiempos en los que el propósito debe ir por delante si no queremos repetir errores que van en detrimento del planeta y de la humanidad.

«Nuestra preocupación debería estar en buscar soluciones a los problemas de las personas y, dentro de ellos, los del medioambiente»

Así, frente a la megalomanía de la técnica por la técnica y la obsesión por el producto -como a veces se entiende erróneamente la innovación-, nuestra preocupación debería estar en buscar soluciones a los problemas de las personas y, dentro de ellos, los del medioambiente, utilizando, por supuesto, la tecnología para mejorar nuestras vidas y la de los que están por venir. No se trata de la persona en el centro como cliente para venderle cada vez más productos y servicios, sino de ponernos en el centro de la ecuación como humanos terrícolas con necesidades diversas y preocupaciones a las que podemos dar respuesta con el adecuado conocimiento.

Si hay una dinámica clara en esta nueva época digital y tecnológica es que tenemos acceso a todo el conocimiento existente en el planeta (crowd). Hoy es posible no solo la inteligencia artificial, sino la construcción de una inteligencia humana colectiva que, entendida como innovación en ecosistema, en red, y nos articula como sociedad, convirtiéndonos en protagonistas de nuestro porvenir, que debe ser híbrido (de personas y máquinas), pero, sin duda, humano. ¿Por qué? Porque solo los humanos somos capaces de hacernos buenas preguntas e identificar y combinar recursos para dar con nuevas soluciones.

La innovación tiene que ser, por lo tanto, necesariamente diversa y abierta para contar con el concurso de todos en esa construcción de nuevos modos de vida. Algo que, creo, solo es posible con una actitud y cultura de constante exploración, agilidad y anticipación, que esté en el corazón de las organizaciones y de la sociedad en su conjunto. Esto, sin duda, nos plantea un reto muy importante en educación, entendida como una formación que debe ejercerse a lo largo de la vida

Reducir las brechas tecnológicas es una responsabilidad que nos concierne y apremia a todos, sea cual sea nuestro ámbito o posición, para que el mundo que podamos esperar para 2030 (fecha en la que los Objetivos de Desarrollo Sostenible ya tienen que ser una realidad) sea mejor que el que encontramos ahora. Dada la rapidez exponencial de la tecnología y la expansión de sus usos y desarrollos no hay tiempo que perder. Esta es la única vía para el verdadero progreso, sostenible e inclusivo, de la humanidad.