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La Gran Barrera de Coral enferma a una velocidad vertiginosa

La Gran Barrera de Coral enferma a una velocidad vertiginosa

«La única manera de salvar el Gran Arrecife de Coral es reducir las emisiones de gas de efecto invernadero a cero lo antes posible para enfriar y estabilizar la temperatura de los océanos». Así de tajante se muestra Terry Hughes, profesor de Biología Marina de la Universidad James Cook, en Queensland (Australia), y director del Consejo Australiano de Investigación (ARC, por sus siglas en inglés). Y motivos no le faltan: el hemisferio sur ha tenido este año el verano más caluroso que se ha registrado en mucho tiempo. Las altas temperaturas han provocado un blanqueamiento de los corales sin precedente – es decir, una progresiva pérdida de sus característicos colores naturales – en las tres zonas de los grandes arrecifes (norte, centro y sur). Pero, además, preocupa seriamente que este es el tercer blanqueamiento que sufre el mayor sistema coralino del mundo en los últimos cinco años.

Los blanqueamientos son respuestas al estrés que sufren los corales cuando las temperaturas son extremadamente altas y, aunque no tiene que ser necesariamente algo malo, como apunta Hughes en el diario británico The Guardian, el problema surge cuando son tan severos que estos seres vivos acaban muriendo. El primero que se registró fue en 1998 y, desde entonces, le han seguido cuatro más en 2002, 2016 y 2017. Cada uno de esos años se batió el récord de temperaturas respecto al anterior, pero lo más crítico de la situación es que el tiempo de recuperación entre un blanqueamiento y otro es prácticamente inexistente. «El verano australiano que acaba de terminar va a pasar a la historia como aquel en el que la acción del ser humano ha tenido sus peores consecuencias sobre el medioambiente: primero sufrimos una gran sequía, luego unos incendios devastadores y ahora el blanqueamiento más severo que jamás ha sufrido la Gran Barrera de Coral», se lamenta Hughes.

Un ciudadano con todos los derechos

El Gran Arrecife alberga más de 400 tipos de coral, 1.500 especies de peces y 4.000 variedades de molusco

Para acelerar el cuidado y protección de esta maravilla natural declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1981 y en la que viven más de 400 tipos de coral, 1.500 especies de peces y unas 4.000 variedades de moluscos, además de un buen número de delfines, ballenas y tiburones, el año pasado se lanzó una campaña en change.org dirigida al Gobierno australiano para que conceda al Gran Arrecife de Coral el estatus de ciudadano. Bajo el nombre de Citizen Reef (ciudadano coral) y liderada por el grupo mediático LadBible, la campaña defiende que se trata del mayor organismo vivo del mundo que, además, genera unos 64.000 puestos de trabajo al año y contribuye a la economía del país con más de 6.400 millones de dólares australianos anuales (más de 3.800 millones de euros), según la Autoridad del Parque Marino de la Gran Barrera de Coral (GBRMPA, por sus siglas en inglés).

Esta puede parecer una petición rara e inusual, pero sus organizadores defienden que el Gran Arrecife cumple con todos los requisitos para otorgarle la ciudadanía: ser residente permanente de Australia, en este caso, a lo largo de 344.400 kilómetros cuadrados; estar en el país cuando la decisión se lleve a cabo; estar vinculado al país en el que lleva más de 500.000 años; y tener intención de quedarse en o de mantener vínculos con Australia. Los impulsores de la campaña lo tienen claro: «supone una parte importante del país». Además, defienden que concederle la ciudadanía supondría otorgarle tres derechos fundamentales que le protegería –a la vida, al máximo estándar de salud física y a mantener su propio modo de subsistencia– y estaría amparado ante la tortura, la degradación o el castigo y la amenaza inhumana por el derecho australiano.

Por su parte, tanto el Gobierno de Australia como el de Queensland, contribuyen de manera conjunta con unos 200 millones de dólares australianos (unos 120 millones de euros) anuales para preservar y sanear el Gran Arrecife. En 2015, pusieron en marcha el Plan de Sostenibilidad 2050, cuyo objetivo es aplicar medidas concretas de gestión y protección dentro del marco de las recomendaciones de la Unesco. Pero, a pesar de todos los convenios internacionales y acuerdos nacionales, siguen faltando acciones medioambientales más ambiciosas para salvaguardar este ecosistema. Además, Australia continúa generando importantes emisiones de CO2 y alimentando una industria petrolífera que sigue creciendo: «Pese a las obligaciones de Australia con la Unesco para proteger este Patrimonio de la Humanidad, seguimos apoyando las exportaciones de cada vez más combustibles fósiles», apunta el profesor Hughes.

La Gran Barrera ha alcanzado un punto crítico en su propia supervivencia. Para contener la situación y recuperar los corales, la solución pasa por un cambio radical en el modelo de desarrollo y consumo. La última crisis sanitaria vivida ha dejado patente que la pérdida de biodiversidad es una de las mayores amenazas ya no solo para el planeta, sino para nuestra salud. Si no tomamos medidas urgentes, advierte el profesor australiano, los arrecifes de coral no sobrevivirán.