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Ya tenemos el precedente

Ya tenemos el precedente

Los paralelismos entre la crisis sanitaria provocada por la COVID-19 y la emergencia climática son innegables. Ahora, ya sabemos que los seres humanos tenemos la capacidad de movilizarnos masivamente por una amenaza común. Es tiempo de actuar. (Imagen de cabecera: ©Scott Oller)

El futuro nunca está totalmente escrito. Esta enorme crisis del coronavirus lo prueba. Todos los habitantes del planeta casi al mismo tiempo estamos viviendo una experiencia humana extraordinariamente significativa: más de la mitad de la población del mundo ha estado confinada en sus casas por un enemigo común.

¿El poso que nos deje la pandemia de la COVID-19 nos acercará a un mundo más sostenible? Puede ser. En el sedimento que está dejando la pandemia hay de todo: algunos grumos de amenazas y otros de oportunidades. Perder poco tiempo en predecir el mundo probable y concentrar nuestras energías en construir el mundo que queremos, aprovechando las oportunidades abiertas, es lo que nos queda.

La crisis sanitaria y la emergencia climática tienen algunas semejanzas. Una de ellas, que los científicos nos advirtieron de ambas y los Gobiernos desoyeron sus llamamientos. Esa reiterada procrastinación gubernamental ocasionó que la acción contra la COVID-19 fuese muy dura. Así ocurre en las enfermedades graves, cuando las dejamos que crezcan en nuestro interior sin afrontarlas.

Nuestras acciones para combatirla crean un precedente muy importante para combatir la emergencia climática. En esta ocasión, los Gobiernos del mundo han reaccionado de forma congruente. Estábamos frente a una grave emergencia y los presidentes y jefes de Estado tomaron una decisión drástica: supeditar la economía a la salud de la población.

El mundo se paró. Se cerraron las fábricas y los comercios, los aviones dejaron de volar, nos quedamos en casa… cambiamos radicalmente nuestro comportamiento cotidiano. En resumen, hicimos lo que no estábamos haciendo frente al calentamiento global. El parlamento europeo y el español declararon la emergencia climática, pero a ella –hasta el momento– no le han seguido medidas coherentes. Ante esta pandemia, sin embargo, hemos sido capaces de «ponernos en modo emergencia», reaccionando con urgencia y realizando cambios masivos de comportamientos.

“Para frenar el aumento de las temperaturas tendremos que cambiar nuestro estilo de vida de forma permanente”

Frente al cambio climático todo va a ser más difícil. Con quince días de confinamiento fuimos capaces de condicionar la curva de propagación del virus. Para frenar el aumento de las temperaturas tendremos que cambiar nuestro estilo de vida de forma permanente. Pero el mundo ha hecho el primer ensayo frente a una amenaza global. Y reaccionamos con sentido de urgencia. Hemos descubierto que somos hermanos en el dolor y tenemos que ser hermanos en su cura. Hemos descubierto que las trincheras de los nacionalismos no son útiles para combatir las amenazas globales. Tenemos enemigos comunes poderosísimos: el coronavirus lo es, el cambio climático lo es mucho más.

En esta crisis sanitaria, la economía se puso al servicio de la salud, de la vida. Ese es su lugar, del que no debió escapar. La economía y el dinero no son fines, son medios para ayudarnos a obtener más bienestar, más salud.

Este artículo fue publicado originariamente en el Número 9 de la Revista Circle. Puedes descargarte el PDF de ese número en este enlace.