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¿Qué pasaría si la luz de las luciérnagas se apagase?

¿Qué pasaría si la luz de las luciérnagas se apagase?

La tumba de las luciérnagas es una película japonesa de animación de 1988 –basada en un libro homónimo de 1967– que narra la historia de dos hermanos huérfanos perseguidos por el infortunio durante la Segunda Guerra Mundial. Una bellísima película, dirigida por Isao Takahata para los míticos estudios Ghibli, que está considerada como una obra maestra del cine antibelicista. En cuanto a su enigmático título, más allá de que los niños protagonistas juegan y se sienten fascinados por el fulgor de las luciérnagas en alguna de sus muchas noches al raso, se dice que es una metáfora de la guerra como esa máquina implacable que apaga de golpe luces y esperanzas. Ahora, sin embargo, ese título podría convertirse en profecía y la metáfora en realidad, ya que los científicos alertan de que estos mágicos insectos bioluminiscentes están en peligro de extinción.

Pero vayamos por partes. Porque es posible que alguno de los lectores no sepa lo que es una luciérnaga o, al menos, que nunca haya visto una en acción. Las luciérnagas son unos insectos de la familia de los coleópteros que tienen la rara capacidad de emitir luz. Lo hacen gracias a un órgano especial situado en su abdomen, en el que tiene lugar un proceso voluntario de oxidación de un compuesto llamado luciferina en presencia de ciertas encimas. Esta reacción química, que es muy rápida, provoca destellos luminosos con los que machos y hembras entablan un complejo cortejo en forma de diálogo nocturno. Una especie de código morse secuenciado y luminoso con el que se transmiten sus intenciones amorosas.

La destrucción de su hábitat, la contaminación lumínica y los pesticidas han llevado a estos insectos al borde de la extinción

El espectáculo nocturno de las luciérnagas iluminando los bosques y zonas pantanosas que constituyen su hábitat natural es algo digno de ver, y deja a las luces del árbol de Navidad del Rockefeller Center de Nueva York en ridículo. Pero, desgraciadamente, cada vez es más difícil de presenciar a causa de los hábitos nocivos del ser humano, que ponen en peligro la supervivencia de estos pequeños insectos de luz. Así lo ha puesto de manifiesto un reciente estudio de la Universidad de Tufts y la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza, que analiza cuáles son las principales amenazas para las luciérnagas.

La destrucción de su hábitat natural es uno de los principales problemas. La paulatina transformación de manglares y pantanos en construcciones humanas en diversas partes de mundo está impactando en muchas especies de luciérnagas, que se ven literalmente expulsadas de los espacios en los que se dan las condiciones necesarias para su alimentación y reproducción.

Otro de los grandes enemigos de estos insectos es la contaminación lumínica. La luz artificial de los humanos, cada vez más invasiva y brillante como resultado de su exponencial expansión y los avances tecnológicos, interfiere en el ritual reproductivo de las luciérnagas. El brillo las confunde e impide que busquen pareja y se reproduzcan. Además, el uso masivo de pesticidas en los cultivos, que no distinguen entre especies invasoras, plagas o insectos aliados, es otro de esos peligros identificados por la investigación.

Paradójicamente, el progresivo –y esperemos que aún reversible– apagón de las luciérnagas no solo las perjudica a ellas, sino también a la especie que lo está provocando: el ser humano. Se sabe, por ejemplo, que este insecto es uno de los principales depredadores de babosas y otras plagas responsables de la ruina de muchos cultivos. La biodiversidad de los ecosistemas, clave para mantener el equilibrio natural y, por tanto, para la producción de alimentos de consumo humano, también se vería seriamente comprometida en caso de su extinción.

La próxima vez que pienses en encender un led cegador en medio de una zona húmeda, recuerda a este pequeño insecto que brilla con luz propia. Además, con un poco de suerte, quizá no te haga falta. Aún podría ser que, al levantar la vista, quedaras fascinado por el raro –pero aun así posible– espectáculo de unos misteriosos destellos que bailan al son de la noche.