Innovación

Gloria Gubianas: «Son nuestras decisiones diarias las que marcan cómo vivimos»

Gloria Gubianas: «Son nuestras decisiones diarias las que marcan cómo vivimos»

Cada vez son más las empresas que quieren marcar la diferencia ayudando a construir un futuro más sostenible para el planeta y para todos los que lo habitamos. Gloria Gubianas (Barcelona, 1995) es cofundadora de una de ellas: Hemper, la marca de mochilas y complementos pionera en el uso de cáñamo de Nepal de manera respetuosa con el medioambiente y las comunidades locales, centrada en la producción y el packaging sostenibles, el comercio justo y los materiales naturales. El año pasado, Gubianas fue elegida Mujer emprendedora del año en España (Woman Entrepreneur of The Year Award), un premio creado por INCO y la Fundación Chanel para apoyar y visibilizar a las mujeres empresarias de todo el mundo que buscan crear impacto social positivo con sus proyectos.

«En cada mochila hay una historia; la nuestra empezó buscando las posibilidades de un material resistente y respetuoso», decís en Hemper. ¿Cómo surgió esa búsqueda? ¿Cómo fueron los inicios del proyecto?

Mi socio Álex [Pastrana] estaba de voluntariado en Nepal cuando se encontró con estas mochilas hechas con cáñamo, y decidimos venderlas en España para ganar dinero con el que montar otros proyectos sociales en el país asiático. Hubo un momento en el que nos planteamos que, para su fabricación, tendríamos que apostar por materiales respetuosos con el medioambiente. Ahí decidimos que la empresa debería tener un trasfondo social. Fue todo un proceso de aprendizaje, que continua todavía hoy. De cada viaje a Nepal nos traemos un aprendizaje nuevo. Por ejemplo, hasta que dimos con el material perfecto llevamos a cabo todo un proceso de investigación sobre las fibras con las que fabricarlo: al final, vimos que el cáñamo es uno de los materiales más ecológicos, originario del Himalaya, y pensamos que usarlo tendría un valor añadido. Además, nos dimos cuenta de que las comunidades que lo trabajan viven en las montañas, en zonas más aisladas y vulnerables, donde se encuentra el 90% de la pobreza de Nepal. Y tirando de ese hilo fuimos desenmarañando lo que ahora es Hemper: al principio nos planteamos donar parte de nuestros beneficios a una ONG, pero lo que queríamos era que toda nuestra cadena de producción se cimentase sobre el impacto social y medioambiental positivo y que, por tanto, el cliente con la compra en sí ya pudiera estar contribuyendo.

Vender productos que se confeccionan a miles de kilómetros produce una huella medioambiental que necesita compensarse de alguna manera…

Todas las empresas sociales nacen con un propósito o una misión. El nuestro es promover una marca sostenible con la que contribuimos al desarrollo socioeconómico de Nepal. En Hemper conviven las dos ideas: protección del medioambiente e impacto en el país de origen. Si solo quisiéramos promover la moda sostenible, haríamos una marca con productos locales y de kilómetro cero. Y si solamente nos centrásemos en el desarrollo socioeconómico nepalí haríamos otro tipo de actividad que no fuese moda. Tenemos una doble misión porque son las cosas en las que creemos, nos gustan y en las que nos queremos centrar a través de Hemper. Queremos hacer moda para contribuir al desarrollo de una industria justa y sostenible de cáñamo en Nepal. Así es cómo compensamos la huella de nuestros productos.

 “Cuando el producto ha llegado la final de su ciclo de vida, lo recogemos y lo reconvertimos en uno nuevo”

Hemper irrumpió hace cuatro años en la industria de la moda para reivindicar la slow fashion. ¿Qué habéis aprendido desde entonces?

Cuando se habla de las diferencias entre slow fashion y fast fashion, lo primero que mencionamos es la explotación de personas en países como Bangladesh que, a pesar de ser muy importante, tan solo es una consecuencia de todo el modelo de negocio sobre el que se cimienta la industria de la moda. Y eso es algo que he aprendido estos años. El problema radica en la forma de consumo que la fast fashion trae al mundo, es decir, cómo nos hace adictos al consumo o cómo genera una necesidad de reponer una colección cada quince días que, al final, es lo que deriva en esas consecuencias sociales y medioambientales que todos conocemos. El modelo no es sostenible: el planeta no aguanta este ritmo. Al final, para que sea rentable, ese tipo de moda se hace con materiales de muy baja calidad, por tanto, utiliza muchos químicos, no tienen en cuenta la sostenibilidad… Ya solamente en la parte de la materia prima hay muchísima contaminación ambiental y, además, se generan –que muchas veces nos olvidamos–residuos. Porque 9 de cada 10 productos que utilizamos tiene menos de un año de durabilidad. Lo peor de todo es que todos estos residuos y esta contaminación no se originan en los países occidentales, sino en los de producción, que son los que se comen toda la polución que generamos los países ricos.

¿Qué habéis hecho desde Hemper para reducir todos esos residuos que se generan durante el proceso de producción, desde el patronaje hasta el packaging?

Aún no lo hemos conseguido, pero intentamos llegar al denominado patronaje cero o que los patrones no generen residuos en el momento de producción. Es decir, que cuando se hace el patronaje y se corta tela se produzcan los menores residuos posibles. También gestionamos todos los que se generan a nivel de retales: cuando el producto ha llegado la final de su ciclo de vida, lo recogemos y lo reconvertimos en uno nuevo. Además, estamos explorando cómo crear nuevas telas hechas de retales en Nepal. Por otro lado, para reducir nuestra huella hemos creado un packaging de ecommerce a partir de sacos de arroz utilizados en el país asiático. Allí, son de 20 kilos y de un material bastante resistente, así que decidimos convertir esos residuos en una bolsa de envío a la que le ponemos una cremallera y que el cliente puede utilizar como tote bag.

“No podemos olvidar que tenemos, por un lado, los cambios que pueden impulsar las empresas y, por otro, los consumidores”

Hace unos meses decías en una entrevista en Vogue que las empresas pueden cambiar el mundo. ¿Cómo se puede hacer desde una startup?

En España hay muchísima gente que trabaja en pymes y no podemos olvidar que tenemos, por un lado, los cambios que pueden impulsar las empresas y, por otro, los consumidores. Todos lo somos, y tenemos que ser conscientes de qué tipo de empresas consumimos y en qué estamos gastando el dinero. Es muy importante que todos, incluidas las pymes, pensemos como consumidores y que entendamos que somos responsables de nuestras decisiones de compra. Pero como empresa tenemos que pensar en qué empleamos o cómo invertimos esa apuesta que hace el consumidor cuando nos compra. No nos puede mover solo generar riqueza económica, hay que minimizar al máximo el impacto medioambiental y generar bienestar e impacto social.

En vuestra web, cuando se añade un producto a la cesta, lanzáis una advertencia al comprador: «compra responsablemente». ¿Cómo podemos convertirnos en consumidores responsables?

Lo primero es tomar conciencia de que todas las acciones que realizamos desde que nos levantamos hasta que nos acostamos tienen repercusión en nuestro entorno. Desde tomarnos un café hasta coger un transporte u otro para ir a trabajar, la comida que comemos, la ropa que nos ponemos, el banco que utilizamos… absolutamente todo. Es importante analizar qué alternativas tenemos y, en la medida de la posible, ir cambiando nuestros hábitos. Al final, son nuestras decisiones en el día a día las que marcan cómo vivimos.