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40 años sin Félix Rodríguez de la Fuente: ¿estamos más cerca de la naturaleza que entonces?

40 años sin Félix Rodríguez de la Fuente: ¿estamos más cerca de la naturaleza que entonces?

Hace cuarenta años que nos dejó el mayor defensor de la naturaleza de nuestro país y, sin embargo, su mensaje está más vigente que nunca. Félix Rodríguez de la Fuente fue, sin duda, un adelantado a su tiempo. Un apasionado de la naturaleza que supo observar como pocos y aprender todo lo que el entorno le enseñaba desde niño. Fue un hombre tan sabio y tan pionero que todavía hoy sigue siendo una referencia en el campo medioambiental y sus enseñanzas continúan aplicándose en la protección y conservación de la naturaleza.

Félix Rodríguez de la Fuente

Ecologista, naturalista, divulgador ambientalista, un poco filósofo y, por encima de todo, un gran comunicador. A través de su programa El Hombre y la Tierra se coló en los hogares españoles para introducir la ecología –algo con lo que la sociedad de los años 70 no estaba demasiado familiarizada– y conseguir despertar la preocupación de la ciudadanía por el medioambiente. Programa tras programa demostró que todo está conectado y que la conservación de la naturaleza contribuye no solo a nuestro bienestar, sino también a una economía más próspera. Ya por aquel entonces, este entrañable burgalés nos hizo ver la importancia de cuidar los ecosistemas y nos alertaba de la necesidad de no consumir más recursos naturales de los que la Tierra genera si queremos seguir disfrutando de la naturaleza y todas sus bondades.

Félix Rodríguez de la Fuente demostró que la conservación de la naturaleza contribuye a una economía más próspera

Su gran labor de divulgación ambiental sirvió para acercarnos a la vida salvaje nacional e internacional. Félix Rodríguez de la Fuente nos enseñó a conocer y amar nuestro patrimonio natural, nos mostró especies y rincones que desconocíamos y nos descubrió secretos sobre la flora y la fauna que (probablemente) nunca hubiésemos conocido solos. La conservación de la naturaleza era la máxima prioridad del que, tal vez todavía, sea el naturalista español más relevante y conocido. Prueba de ello era su lucha incansable –de la que muchos ecólogos modernos cogieron el testigo– por preservar entornos como Doñana o especies como el lobo, el gran amigo de la humanidad, como solía decir. ¿Qué nos diría hoy si viese el límite al que hemos llevado el calentamiento global, o viera ese África –al que tanto amaba– con especies al borde de la extinción? Posiblemente, seguiría loborepitiendo, con más ahínco si cabe, el peligro del modelo de consumo bajo el que funcionan los Estados modernos y que está llevando a la degradación ecológica.

Rodríguez de la Fuente sabía que el vínculo entre el ser humano y el planeta es el camino hacia una sociedad justa y sostenible, y que el equilibrio de nuestra biodiversidad es clave no solo para vivir dignamente, sino también para dejar un mundo verde y con futuro a las generaciones venideras. Para conseguirlo, hacía hincapié en empoderar a la ciudadanía con el objetivo de que tome consciencia de lo que pasa, actúe y conecte de nuevo con la naturaleza, tan olvidada en esta era tecnológica. Porque, si había algo que de verdad le preocupaba era que viviésemos alejados de ella. Hoy, con la amenaza del cambio climático, este mensaje cobra más relevancia que nunca: al final, somos naturaleza y dependemos de ella.

En estos últimos cuarenta años, la tendencia de las sociedades ha sido desplazarse hacia núcleos urbanos cada vez más poblados. Pero el acuciante calentamiento global, la cada vez más sonora lucha climática y la reciente crisis sanitaria de la COVID-19 nos han hecho ralentizar nuestros ritmos de vida en la jungla de asfalto y darnos cuenta de la necesidad de recuperar el contacto con el entorno natural. Ha quedado patente que cuanto más tecnológicas se vuelven nuestras sociedades, más naturaleza necesitamos. Hoy, cuarenta años después de la muerte de Félix Rodríguez de la Fuente y en medio de una crisis sanitaria sin precedentes, aplicamos sus enseñanzas y las mantenemos más vivas que nunca.