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Passivhaus: cuando la arquitectura sostenible se convierte en filosofía de vida

Passivhaus: cuando la arquitectura sostenible se convierte en filosofía de vida

Las casas de este futuro –bastante próximo en el tiempo– bajo en carbono, sin duda deberían ser más eficientes y sostenibles que la mayoría en las que vivimos actualmente. Según el Instituto de Energía Renovable de la Unión Europea, los edificios consumen alrededor de un 40% de la energía, 25% del agua y 40% de los recursos naturales del mundo. Además, son responsables de un tercio de las emisiones globales de dióxido de carbono. La buena noticia es que el tipo de edificación que hará frente a esta deficiencia energética ya existe. Se llama Passivhaus y es un tipo de vivienda que va más allá de un mero concepto arquitectónico: es la filosofía del hogar del siglo XXI y de las nuevas generaciones.

Estas viviendas consumen hasta un 90% menos de calor y frío que los edificios convencionales

La consideración principal de Passivhaus es el consumo de energía: debe ser pasivo –de ahí su nombre, del inglés passive house–. Son casas que no pueden consumir más de 15KWh por metro cuadrado al año, ya sea calentando o refrescando un edificio, lo que significa un consumo de no más de 2.250KWh tanto para calefacción como para refrigeración en una superficie de unos 150 metros cuadrados. Si esto lo traducimos en términos económicos, como máximo se gastarían unos 26 euros como máximo –considerando que el coste del KWh sea de unos 14 céntimos–. El resultado son unas viviendas que consumen hasta un 90% menos de calor y frío que los edificios convencionales.

La arquitectura Passivhaus proyecta un tipo de inmueble que hace un uso eficiente del sol y la sombra. Su diseño estratégico estudia las zonas de penumbra y las aprovecha para refrescar de manera natural los espacios en las épocas de calor, creando un sistema de ventilación imperceptible que hace que circule aire fresco constantemente y se eviten espacios muy secos en verano. Se construyen teniendo en cuenta los hábitats, el clima y el terreno de la zona para aprovechar al máximo las horas de luz y la exposición solar. Así, durante esos meses cálidos, el calor que desprende el sol se usa para generar energía y se almacena para alimentar el circuito de calefacción durante los meses más fríos, desplazando a los sistemas convencionales.

Las casas europeas habituales utilizan un sistema de calefacción basado en radiadores, tuberías y calderas centrales de gas o gasoil altamente ineficientes desde el punto de vista energético. Frente a esto, y en base a su filosofía de máxima eficiencia, los modelos Passivhaus se diseñan de manera inteligente, haciendo que requieran menos cantidad de calor y cubriendo esa mínima demanda con un sistema de calentamiento por aire, con lo que se consiguen reducir las pérdidas de energía al mínimo. A esto hay que sumarle ventanas, tejados y suelos de alto aislamiento, que hacen que el frío sea impermeable y mantienen los espacios calientes y sin humedad.

Los diseños deben adaptarse a los entornos donde se construyen, usando distintos tipos de materiales

El estándar internacional Passivhaus es un modelo de construcción sostenible que se puede aplicar a casi todos los tipos de edificios y que, según directrices de 2008 del Parlamento Europeo, todas las edificaciones deberían integrar en 2021. Puesto que las necesidades energéticas de una casa en el trópico son distintas a otra en el polo, los diseños deben adaptarse a los entornos donde se construyen, usando distintos tipos de materiales, siempre y cuando cumplan con los parámetros mínimos del estándar.

La primera vivienda Passivhaus habitable se levantó en Darmstadt (Alemania) en 1990 y fue obra del arquitecto alemán Wolfgang Feist –quien, por cierto, sigue viviendo en ella con su familia–. Sin embargo, el primer edificio de este tipo se construyó en el oeste de Canadá trece años antes: la Casa de Conservación de Saskatchewan se erigió a raíz de la crisis del petróleo de 1973, cuando la OPEP decidió dejar de exportar petróleo a los países occidentales y causó una repentina y estrepitosa subida de los precios de crudo. Esto hizo que muchos llegasen a la conclusión de que había que empezar a buscar alternativas a la dependencia energética de los combustibles fósiles, además de contribuir al desarrollo de fuentes de energía más verdes. Por aquel entonces, esta vivienda se proyectó para que consumiera un 85% menos de energía que el resto, utilizando paneles solares para generar electricidad, un intercambiador de aguas grises para calentar el agua y paneles laterales de madera de cedro para absorber el calor del sol, además de emplear dobles ventanas para aislar del frío. Pero no terminó de tener el éxito que se esperaba debido, entre otras cosas, a que las pocas horas de sol del largo y gélido invierno canadiense dificultaban la tarea de utilizar exclusivamente energía solar.

Desde entonces, el modelo de arquitectura Passivhaus se ha adaptado al desarrollo de nuevas técnicas y materiales más eficientes y sostenibles que hacen que este concepto sea más que un mero tipo de construcción. Es una filosofía de vida en la que debemos basar la construcción de los hogares de las sociedades modernas para que los más pequeños puedan gozar hoy y mañana de un mundo más verde.