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El pastoreo urbano: cuando la tradición recupera nuestros ecosistemas

El pastoreo urbano: cuando la tradición recupera nuestros ecosistemas

La fiesta de la trashumancia es un evento a caballo entre lo reivindicativo y lo festivo que cada otoño, desde 1994, lleva la actividad del pastoreo trashumante tradicional al mismísimo centro de Madrid. Ese día, el tráfico sigue siendo tan denso y ruidoso como el de cualquier otra jornada, solo que mucho menos contaminante, ya que, en lugar de coches, motos y autobuses, los atascos están protagonizados por miles de ovejas, acompañadas por perros y pastores. Y, por supuesto, por los cientos de ciudadanos que acuden a ver el pintoresco paso de los rebaños.

Sin embargo, este año la covid-19 ha privado a estos esponjosos ovinos de su visita capitalina. O quizá no del todo. Porque numerosas iniciativas alrededor del mundo están tratando de devolver la ganadería itinerante a los espacios urbanos. Y no como un hecho excepcional ni de carácter festivo: este pastoreo urbano llega para quedarse. Y lo hace con un buen motivo: ayudar al ser humano a cuidar y proteger las zonas verdes de las ciudades.

El pastoreo urbano nos ayuda a cuidar y proteger las zonas verdes de las ciudades

Chicago, San Francisco, Londres, París, Roma, Berlín, Dusseldorf, Valencia, Lugo, la casa de Campo de Madrid o las oficinas centrales de Yahoo o Google en Silicon Valley ya se benefician de las ventajas del pastoreo urbano, un fenómeno que permite cortar la hierba, retirar la maleza y fertilizar espacios verdes de la manera más ecológica, sostenible, económica y natural posible.

El pastoreo urbano en el mundo

En 2013, la ciudad de París puso en marcha un proyecto piloto de carácter experimental que recurrió a animales para segar el césped de un terreno de 2.000 kilómetros cuadrados. Ese mismo año, en Chicago se contrató a un equipo de cabras, ovejas, llamas y burros para limpiar 5.000 metros cuadrados de terreno del aeropuerto de la ciudad. Según los promotores de la iniciativa, estos operarios cuadrúpedos eran capaces de comerse hasta 25 metros cuadrados diarios de vegetación. Aunque si se trata de buscar pioneros del ecopastoreo, en la A Coruña de los años 90 del siglo pasado una iniciativa particular ya prestaba los servicios de sus ovejas desbrozadoras para el mantenimiento de huertas, jardines y fincas de la ciudad gallega.

Las ventajas de la transhumancia urbanita

Los beneficios de recurrir a estos jardineros del mundo animal son múltiples. En términos ecológicos, el corte natural de la hierba alta que aportan cabras, ovejas, caballos o vacas representa una notable reducción de contaminación acústica en comparación con los sistemas mecanizados. Aunque la mejora sustancial llega por la caída de los niveles de emisiones de CO2.

Una de las últimas ciudades en sumarse al ecopastoreo ha sido Lugo. Los responsables del proyecto estiman que mientras las sierras eléctricas y segadoras mecanizadas emiten hasta 1.200 kg de dióxido de carbono por hectárea, una sola oveja es capaz de secuestrar (capturar) hasta 70 kg de CO2 para la misma superficie.

Otras ventajas adicionales de la trashumancia urbanita son la fertilización natural de praderas, la expansión de semillas que transportan las ovejas, la recuperación de especies en peligro de extinción –abandonadas por la ganadería por poco productivas y recuperadas ahora para estas labores de segado– o la conservación de la biodiversidad.

En cuanto a su dimensión económica, los ahorros de costes también son reseñables, al eliminar de la ecuación gastos en combustible para maquinaria, fertilizantes químicos y otros componentes asociados al mantenimiento de estos espacios. Otra derivada económica la aportan la generación de empleos y la apuesta por una economía local sostenible alrededor de esta actividad.

Aunque también cabe hablar de otro tipo de ventajas más intangibles. Porque el pastoreo urbano ha venido a reconciliar dos mundos –el rural y el urbano– entre los que a veces parece mediar un abismo, no solo geográfico, sino cultural y temporal, como si sus realidades pertenecieran a dimensiones y momentos históricos diferentes. Mediante la cita a ciegas que les brinda el ecopastoreo, campo y ciudad han vuelto a tomar conciencia el uno del otro y han restablecido un contacto que no tenía lugar desde antes de las revoluciones industriales, cuando la trashumancia tenía en los alrededores de las metrópolis parte de sus itinerarios naturales. Y, lo que es más importante, gracias a estos animales con competencias municipales, han encontrado un espacio para la convivencia y el conocimiento mutuo.