Economía circular

Las claves de la Estrategia Europea sobre Biodiversidad

Las claves de la Estrategia Europea sobre Biodiversidad

Se estima que hoy en día hay un millón de especies en peligro de extinción. Mientras que las poblaciones humanas no han dejado de crecer y expandirse a lo largo y ancho la Tierra, la de animales salvajes se ha visto reducida en un 60% en los últimos 40 años. Se diría que la humanidad prolifera a costa de sus vecinos de otras especies y que ser animal salvaje es un deporte de riesgo. Sin embargo, no puede haber crecimiento –tampoco económico– sin sostenibilidad. Aproximadamente la mitad del producto interior bruto (PIB) mundial –40 billones de euros– depende de la naturaleza: agricultura, construcción o alimentación son sectores que cuelgan directamente de ella. También ese turismo que, en 2019, según datos de la Organización Mundial del Turismo (OMT), movilizó a 1.400 millones de personas en todo el mundo –una quinta parte de la población mundial– gira alrededor de la biodiversidad. Para evitar que esos turistas se que queden sin parajes que visitar y admirar, y, sobre todo, que el resto de los seres vivos del planeta nos quedemos sin hogar, la Unión Europea ha puesto en marcha una Estrategia Europea sobre Biodiversidad para 2030, una política encaminada a la recuperación ecológica del Viejo Continente.

Este plan gira alrededor de tres ejes fundamentales. Por un lado, se plantea la creación de zonas protegidas en al menos al 30% del suelo y los mares europeos. Unos objetivos ambiciosos que se plasmarán en compromisos jurídicamente vinculantes para asegurar que se extreman las medidas de protección de los bosques y zonas marinas continentales. Un segundo eje propone restaurar los ecosistemas marinos y terrestres más degradados, objetivo que se articula a través de cinco líneas de actuación: extender la agricultura ecológica y los elementos paisajísticos ricos en biodiversidad en las tierras agrícolas, restablecer al menos 25.000km de ríos de flujo libre en la UE, detener e invertir la disminución de los polinizadores, plantar 3.000 millones de árboles de aquí al año 2030, y reducir el uso y la nocividad de los plaguicidas en un 50% en ese mismo plazo. Estas medidas se verán reforzadas por una inversión de al menos 20.000 millones de euros anuales destinados a la protección de la biodiversidad, desembolso que procederá de diversas fuentes, incluidos los propios fondos de la UE.

La UE calcula que el mundo pierde entre 5,5 y 10,5 billones de euros al año por la degradación de la Tierra

El plan se corona con el despliegue y movilización de todos los instrumentos de acción exterior y las asociaciones internacionales al alcance de la UE con un claro objetivo: convertir a la entidad geopolítica europea en el líder mundial de la lucha contra la crisis global de la biodiversidad. Pero ¿qué beneficios se pueden esperar obtener de estas actuaciones? Sus promotores estiman que las medidas encaminadas a la conservación de las poblaciones marinas podrían incrementar los beneficios anuales para el sector pesquero en más de 49.000 millones de euros. También el sector asegurador podría ahorrase del orden de 50.000 millones de euros anuales por la reducción de pérdidas causadas por las inundaciones gracias a la protección de las zonas húmedas costeras. Igualmente, sectores que dependen directamente de la naturaleza –como productos químicos y materiales, aviación, viajes y turismo, el sector inmobiliario, la minería e industrias metalúrgicas, la cadena de suministro y transportes, el comercio minorista o bienes de consumo y estilo de vida– podrían ver incrementado su valor en más de un 50%.

La alternativa a estas políticas es la inacción, y con ella, el desastre. Un desastre para el que, por si la perspectiva de la pérdida de biodiversidad y la desaparición de los ecosistemas no resultara amenaza suficiente, también se puede cuantificar en términos económicos y sociales. La UE calcula que el mundo pierde entre 5,5 y 10,5 billones de euros al año por la degradación de la Tierra.

Aquellos que siguen pensando que nuestro planeta es como el bolso de Mary Poppins –un pozo sin fondo de recursos inagotables– y que la defensa del medioambiente y de la biodiversidad es solo el caro capricho de un puñado de alarmistas, tal vez entiendan mejor estos argumentos, expresados en un lenguaje, el económico, que nos llega a todos. Visto dese ese prisma, ¿es o no la biodiversidad un bien que debemos preservar?