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¿Pueden los videojuegos concienciarnos sobre el cambio climático?

¿Pueden los videojuegos concienciarnos sobre el cambio climático?

El género del videojuego ya se ha abierto un espacio por derecho propio en el mundo cultural, con los críticos y analistas pendientes del peso social de sus propuestas y polémicas entorno a la diversidad de sus protagonistas semejantes a cualquier película, lo que demuestra su peso en eso que llamamos el relato. La industria del videojuego, además, movió en 2019 nada menos que 107.490 millones de euros, cifra que suponía un incremento del 3% en la facturación respecto a 2018 y que es de suponer que aumente aún más en este 2020 que nos obligó a pasar muchas horas de ocio en casa y pegados a las pantallas. Solo en España, el Libro Blanco del Desarrollo Español de Videojuegos prevé que esta industria empleará de manera directa a 11.000 personas en 2022.

En ese escenario, la pregunta es: ¿qué pueden aportar los videojuegos, con su capacidad de crear escenarios que nos obligan a tomar decisiones y su transversalidad que los hace llegar a todas las franjas de edad, para ayudar a combatir la crisis climática? Si ya desde el cine, con películas y cortometrajes, se puede hacer divulgación sobre la importancia de cuidar de nuestro entorno, ¿por qué no hacerlo desde los videojuegos, donde nosotros interactuamos directamente con el medio?

Con esta idea en mente, tanto los desarrolladores como la propia industria y la comunidad gamer han puesto en marcha diferentes respuestas en los últimos años, de las que queremos hacer un breve repaso en este artículo.

Earthgames, la plataforma verde

El sector ha desarrollada tramas ecológicas para diferentes dispositivos, incluidos los móviles

El primer prejuicio que hay que quitarse de la cabeza es que los videojuegos con conciencia ecológica o social son educativos, destinados a los niños, ya que tanto los profesionales como las empresas se han propuesto que no pierdan sus funciones principales de entretener y retar a los jugadores. Por ejemplo, destaca la existencia de Earthgames, una comunidad virtual en la que investigadores, creadores de videojuegos y estudiantes «trabajan para adaptar los últimos trabajos científicos en títulos virtuales o juegos de mesa para inspirar a los usuarios sobre el mundo natural y el papel humano dentro de él» creada por el ecologista Josh Lawyer en 2015.

Entre sus creaciones destaca Climate Quest, un juego estilo retro, a 8 bits y con banda sonora homenaje a la Nintendo de los 80, en la que el jugador deberá tomar decisiones para proteger a EE.UU. de los desastres medioambientales que le esperan si la crisis climática se agrava, todo basado en datos del US National Climate Assessment que se van exponiendo durante el desarrollo.

Aprender a reciclar con la PS4

Más enfocado a alumnos de 3º y 4º de la ESO es el lanzamiento verde para PS4 de PlayStation y Fundación 3M, en asociación con Ecoembes: The Recycling Heroes. El proyecto se completa con un juego de mesa del mismo nombre con una dinámica similar al juego de la oca y va acompañado de materiales como plastilina y moldes realizados con impresora 3D. Además, está diseñado para fomentar la diversidad y su narración fue grabada por una actriz de voz con síndrome de Down.

En el mismo, los menores aprenden la mecánica del reciclaje, su ciclo y utilidad, y manejan a una familia completa en la tarea de reciclar el máximo posible y mantener limpias su casa, barrio o ciudad. Pensado para toda la familia, se puede jugar en diferentes modalidades que se adapten a las capacidades de los diferentes jugadores.

Una línea que también sigue en España la empresa Fictiorama, creada por los hermanos Oliván, en la que sus dos juegos creados hasta ahora, Dead Synchronicity y Do Not Feed the Monkeys, son aventuras gráficas en las que los jugadores se enfrentan a eventos de devastación ecológica –uno os sonará: una pandemia mundial– en los que debe averiguar sus causas y posibles soluciones.

Civilizaciones con final catastrófico

El clásico Civilization, creado por el desarrollador Sid Meier, ya incluía en sus primeras ediciones la posibilidad de que, si el jugador no saneaba sus ciudades convenientemente, la contaminación reducía su capacidad de producción o también se producía un calentamiento global provocado por el abuso de las armas nucleares. Sus desarrollos más recientes, como el Civilization VI, ya incluyen que se tengan que controlar las emisiones de CO2 –o incluso eliminarlas– para poder avanzar en el juego.

Otros juegos clásicos como el Sim City han avanzado en complicar la vida al jugador obligándolo a controlar los recursos hídricos de su ciudad. En estos juegos históricos en los que se controla el desarrollo de una ciudad o una civilización completa desde un estadio primitivo hasta la actualidad no deja de ser paradójico cómo primero es necesario desarrollar tecnología contaminante para luego aprender a eliminarla si se quiere ganar o, al menos, sobrevivir.

Tampoco se olvidan los desarrolladores del móvil, el espacio donde más crecen los juegos y nuestro ocio. Por ejemplo, Idle World, aplicación en la que la persona que juegue debe crear un planeta habitable de cero, colocando todos los elementos necesarios para un ecosistema viable y, por tanto, aprendiendo la delicadeza que requiere el equilibrio del medioambiente en el que vivimos. O Deal: A New Green Election, inspirado en la política reciente de EE.UU., en el que el reto es ser un candidato ecologista que debe ganar las elecciones sin ceder a las presiones de las grandes empresas contaminantes.