Economía circular

El agua de lluvia como un recurso reciclable

El agua de lluvia como un recurso reciclable

Las respuestas para cuidar el planeta, en ocasiones, están en el pasado, no en el futuro. Durante siglos los seres humanos han reutilizado el agua de lluvia para usos que hoy llamaríamos domésticos: volver a generalizar este reciclaje en los lugares donde sea posible permitiría ahorrar un recurso básico que la crisis climática vuelve cada vez más escaso.

En muchas zonas de España la población ya está familiarizada con el ahorro de agua en tiempos de sequía –desde procesos tan sencillos como reutilizar aguas de la ducha o la limpieza para fregar o la de las ollas de la cocina para regar las plantas–. Pero ir un paso más allá y reciclar la lluvia, especialmente en zonas de alta incidencia de precipitaciones, puede ayudarnos a ahorrar hasta un 50% de la factura, respetar el ciclo del agua y mantener una forma de vida más respetuosa y acorde con nuestro entorno. Y es que, en líneas generales, se estima que alrededor de dos terceras partes del total de agua de precipitación recibida por una zona es devuelta a la atmósfera a través del ciclo hidrológico. El resto es la que tenemos realmente disponible para cubrir nuestras necesidades, es decir, las aguas pluviales que podemos reciclar para diferentes aplicaciones.

Reciclar el agua de lluvia puede ayudarnos a ahorrar hasta un 50% de la factura

La reutilización de agua de lluvia tiene diversas ventajas. Por ejemplo, permite el autosuministro gratuito de agua de gran calidad y ayuda a reducir el exceso de la demanda de redes de suministro público. Esto facilita la conservación de las reservas públicas para casos de escasez. Al no tener que emplear electricidad para bombear al menos una parte del agua que se va a usar desde las reservas a cada casa, supone un ahorro energético. Además, facilita la red de drenaje público, ya que se deja de verter en esta el agua que cae en los tejados. Finalmente, permite la recuperación de los acuíferos subterráneos en las zonas urbanas y sensibiliza y establece una relación directa con el medioambiente.

De las nubes a nuestra casa

La mayoría de métodos son más sencillos de lo que pensamos y posibles a nivel doméstico. Sin embargo, siempre serán más fáciles de desarrollar en una casa en un entorno rural y relativamente grande que en un piso en la ciudad. Quizás el agua de lluvia no sea la más adecuada para todos los usos, pero sí existen algunos más específicos para los que resulta idónea: uno muy básico sería usarla para lavar.

Al no tener cal, ni cloro, el agua de lluvia es perfecta para el riego, lavar el coche o fregar en casa

Excepto si buscamos un sistema de recolección excesivamente complejo, llenar varios cubos no nos costará más que lo invertido en una instalación bastante económica de canales que conducen el agua desde el techo o la azotea hasta el depósito que elijamos: desde bidones hasta botellas de plásticos recortadas –si la zona registra altas precipitaciones y el objetivo es recoger cuanta más agua mejor, la óptima sería la primera opción–. Bastará con tener un balcón o terraza o jardín privados o comunitarios para instalarlos.

Filtros caseros para purificar el agua

Foto: ohorizons.org

En un momento dado, otra opción pasa por recolectar el agua y luego filtrarla a través de un filtro casero. Esto permitirá darle otra oportunidad al uso de agua, ya que no contendrá el mismo grado de impurezas, suciedad y microorganismos que la utilizada directamente del barril. Para construir uno de estos filtros necesitamos un recipiente de plástico transparente –por ejemplo, una botella de refresco–, algodón, carbón activado en polvo o grava, arena fina y arena gruesa –solamente si utiliza grava en lugar de carbón activado–, un colador y un recipiente hondo de plástico o vidrio. Con estos elementos, tomamos el recipiente de plástico transparente y lo cortamos por la parte superior, creando una tapa que se pueda abrir y cerrar y colocando la boca de la botella con su tapa hacia abajo. Luego, se rellena el interior de la botella con capas de algodón en el fondo y se coloca el carbón activado en la parte superior. Si se sustituye el carbón activado por arena y grava, se coloca en el siguiente orden, de abajo hacia arriba: algodón, arena fina, arena gruesa y grava.

Al no tener cal, ni cloro, el agua de lluvia es perfecta para el riego, lavar el coche o aclarar herramientas de jardín, además de fregar la casa o los cristales. Eso sí, su ingesta queda fuera de la ecuación, por prevención, pues para beber el agua de lluvia deberíamos someterla a un análisis y tratamientos previos para considerarla apta para el consumo. Pero, a pesar de esto último, son muchos sus usos en nuestro día a día. ¿Te atreves a probar la circularidad del agua?