Economía circular

Júlia López Ventura: «¿Qué es la normalidad? Si es seguir creciendo desconectados del planeta, quizá no deberíamos querer volver a ella»

Júlia López Ventura: «¿Qué es la normalidad? Si es seguir creciendo desconectados del planeta, quizá no deberíamos querer volver a ella»

En el ya lejano 2005, Kevin Livingstone, ambientalista y, por aquel entonces, alcalde de Londres, propuso la creación de una organización sin ánimo de lucro que conformase el espacio perfecto para que las megaciudades del mundo encontrasen su hueco en las negociaciones climáticas de Naciones Unidas. Así nacía la C40, una red constituida por 98 de las urbes más pobladas del planeta que buscan soluciones al deterioro ambiental global. Su directora regional para Europa, Júlia López Ventura, recuerda que sin contar con esas grandes ciudades –que suponen el 70% de las emisiones de gases de efecto invernadero– sería imposible impulsar los ambiciosos objetivos marcados por la ONU en la lucha contra el cambio climático para la próxima década.

La C40 lanzaba hace poco la Agenda de los alcaldes por una recuperación verde y justa. ¿Cuáles son sus ingredientes clave?

Esta agenda municipal es una iniciativa de nuestro vicepresidente en Europa, el alcalde de Milán, Giuseppe Sala, quien propuso crear un grupo de trabajo de regidores para tratar de manera conjunta cómo actuar frente a la crisis del coronavirus y marcar las líneas de acción de la recuperación. Trabajando juntas, las ciudades han dejado claro que sus prioridades son que ésta sea verde y justa, y que llegue a todo el mundo. Los componentes clave son cinco: empleo, es decir, apostar por la creación de puestos de trabajo verdes, ecológicos, que protejan a los trabajadores esenciales; promover la residencia y la equidad, y comprometerse a proporcionar y proteger servicios públicos fundamentales para todos, como por ejemplo el transporte masivo, agua, alimentos, vivienda asequible y saludable, etc.; proteger la salud y el bienestar de la población, esforzándose por proporcionar un aire limpio y comunidades habitables –iniciativas como las que vimos en Milán para devolver el espacio público a las personas y a la naturaleza, quitándoselo a los coches–; también, estar de acuerdo en que el único estímulo, ya sea local, nacional o regional –como en el contexto europeo– tiene que ser verde. Para ello, los alcaldes se comprometieron a una recuperación equitativa e inclusiva abordando las causas profundas de las desigualdades económicas que eran preexistentes a la pandemia. Y, por último, priorizar en invertir en energías limpias y poner fin a las inversiones públicas en combustibles fósiles. Esto, en esencia, es la agenda de los alcaldes para la recuperación verde y justa.

«Las ciudades han dejado claro que sus prioridades son una recuperación verde y justa que llegue a todo el mundo»

Esa recuperación verde a la crisis de la covid se dará en el contexto de la emergencia climática y la transición ecológica. ¿Cómo se conjuga luchar contra el cambio climático y la reactivación de la economía en las ciudades?

Tras los confinamientos del año pasado, mucha gente empezó a decir que teníamos que volver a la normalidad, pero ¿qué es la normalidad? Si es seguir creciendo de forma completamente desconectada del planeta y de sus barreras, quizá no deberíamos querer volver a ella. Creemos que la solución para conjugar la lucha contra la emergencia climática y la reactivación económica es hacer ambas al mismo tiempo, reconociendo que vivimos en una emergencia sanitaria, pero también en una climática que ha traído consigo una emergencia económica y social. Conjugar una recuperación que aborde todas estas emergencias al mismo tiempo tiene que ser lo justo. La pandemia ha puesto de manifiesto que existen vínculos fundamentales entre todas estas cuestiones clave: la degradación medioambiental, la salud, los servicios públicos, justicia racial y social… Sabemos también que el cambio climático es injusto: los que menos han contribuido a las emisiones globales de gases de efecto invernadero son los más vulnerables a su impacto. Debemos centrar nuestra atención en abordar estas desigualdades: no solo las causadas por la crisis climática, sino las estructurales que están arraigadas en las nuestras economías y nuestras sociedades. Recuperarnos de una forma sostenible es la única manera de sanar tanto la economía como el planeta y por eso promovimos la agenda de los alcaldes.

«Las energías renovables, el transporte público, los espacios verdes, la gestión de los residuos… son ámbitos en los que la acción municipal puede provocar un cambio positivo»

Nos encontramos en pleno proceso de reconstrucción económico, mientras las amenazas de pandemias (la actual y futuras) y el cambio climático siguen acechándonos. Pero ¿podemos sacar alguna lección positiva de la crisis del coronavirus sobre cómo repensar nuestras ciudades?

Los científicos hace ya muchos años que nos vienen diciendo que estamos llegando a un punto irreversible en cuanto al cambio climático. De ahí la necesidad de reconocer, entre todos, que vivimos una emergencia climática. Pero también nos dicen que las pandemias, como la actual, pueden repetirse en el futuro. Incluso algunos científicos vincularon las unas con las otras: la degradación de los espacios naturales y la proliferación del coronavirus. ¿Tenemos alguna lección positiva que podamos sacar de todo esto? Sí, las ciudades están en la mejor posición para conocer y actuar sobre los excesos ecológicos de la vida urbana, la vida cotidiana de los habitantes de las ciudades. En muchos casos, además, estas tienen competencias sobre ello. Las energías renovables, el transporte público, los edificios, los espacios verdes, la gestión de los residuos… son ámbitos en los que la acción municipal puede y debe provocar un cambio positivo eficaz y rápido. Y hemos visto cómo las metrópolis han sido muy rápidas en actuar una vez que el coronavirus llamó a sus puertas. Vimos cómo Madrid, Barcelona, Milán o Londres tomaron medidas para poder mantener esta mal llamada distancia social, que no deja de ser una distancia física entre habitantes. Para nosotros, lo más importante es que esta crisis nos ha demostrado que la colaboración, intercambiar y ayudarnos mutuamente es una buena manera de salir de esta y de las que puedan venir en el futuro. A principios de 2020 vimos que los alcaldes de la C40 empezaron a trabajar juntos para averiguar cómo hacer frente a los efectos del virus, que fueron brutales a todos los niveles y que seguramente se van a sentir durante años.

Tras los confinamientos y las restricciones, el año pasado en las provincias vecinas de Madrid (Guadalajara y Segovia) se registró un incremento de hasta el 57% en la demanda de alquileres. En Cataluña, la cifra ascendió al 63%. ¿Qué pueden aprender las áreas metropolitanas de los pueblos?

Hay mucho que aprender de ellos. Las iniciativas que estamos intentando impulsar a nivel de megaciudades –apostar por la economía circular, fomentar los espacios verdes, etc.– pueden ser completamente extrapoladas a urbes más pequeñitas y no solo a zonas más rurales. Se puede fomentar también en una red de ciudades más pequeñas que viven, por decirlo de algún modo, a la sombra de las megaciudades. Aquí en España tenemos Guadalajara, Segovia, Murcia… estos municipios pueden aprender mucho de las grandes ciudades y al revés. Una red de solidaridad y aprendizaje mutua dentro de España en estos temas es algo muy necesario y, de hecho, ya se está dando.

«Las ciudades están en la mejor posición para conocer y actuar sobre los excesos ecológicos de la vida urbana»

La Unión Europea avanza en su proceso de descarbonización y las ciudades, cada vez más pobladas, juegan un importante papel en la transición ecológica. Pero ¿qué características han de tener las ciudades para ser capaces de adaptarse, para ser resilientes?

En la UE tenemos mucha suerte con el Gobierno comunitario que nos ha tocado y con la visión de la presidenta Von der Leyen. Ha sido el primer Gobierno regional –en el sentido de Europa como región– que lanzó un Pacto Verde que, además, ha vinculado a las ayudas para la recuperación. Es una buenísima noticia, pero también hay esperanza fuera del continente. La UE sola no va a poder afrontar la crisis climática, pero puede representar este papel de líder. El 2021 nos ha traído muy buenas noticias: el compromiso climático de China o el regreso de Estados Unidos al Acuerdo de París. En cuanto a las características de las ciudades para adaptarse a las nuevas reglas del juego, la voluntad de trabajar juntos con los electores, el Gobierno nacional y otras urbes es lo mejor que se puede hacer en este momento. Es decir, no aislarse, pensar en redes. Además, las ciudades, en esta suerte de diálogo, están en la mejor posición para propiciar esta conversación entre todas las partes que deben comprometerse. Porque necesitamos la participación de muchos actores en este juego, que no son solo los distintos niveles de gobierno, sino también los sindicatos, los directores generales de grandes corporaciones privadas, los socios políticos y la sociedad civil. Tenemos que prestar atención a todas las partes: no solo las ciudades son conscientes de los problemas que hay que abordar, sino también, muy a menudo, las partes interesadas saben cuales son las soluciones a estos problemas. No hay un enfoque único para todos: cada ciudad tiene un entorno, una capacidad, una población y una historia diferente. Desde C40 lanzamos en octubre de 2019 un pacto verde global liderado por las  mayores urbes del mundo: se trata de una campaña destinada a crear un impulso y reunir una amplia coalición de actores –líderes políticos, empresas, sindicatos, jóvenes, etc.– y comunidades que han estado aisladas de esta conversación y que son las que se han visto más desproporcionadamente afectadas por la crisis climática para poder trabajar conjuntamente en soluciones para proteger a esta gran comunidad global y a los ecosistemas mundiales de la crisis del cambio climático. Pero, a la vez, garantizar una transición justa, es decir, asegurar que los trabajadores que dependen de sectores vinculados a los combustibles fósiles puedan abandonarlos mientras ayudan a construir una economía más equitativa y sostenible.

Y en este impulso que llega a través de las redes de colaboración de las que hablas, el municipalismo es fundamental, pero ¿de dónde vendrá el cambio?

Va a venir desde donde se le permita, pero el cambio está aquí, ya lo podemos sentir. Y si tenemos Gobiernos más proclives, que acompañan, va a ser más fácil. Pero esta transformación ya se ve desde la sociedad civil: tenemos los movimientos de jóvenes por el clima o los sindicatos que trabajan en las líneas de la transición justa, muchas veces en contraposición con las de su Gobierno. Estamos viendo esta situación en Polonia o en Turquía. Pero también hay Gobiernos más proclives a este tipo de conversación en torno al cambio climático, como sería el de España.

«La movilidad descarbonizada pasa por oportunidades para que todos podamos caminar y andar en bicicleta para conseguir espacios urbanos más saludables»

Hasta que la covid-19 lo parase todo, muchas ciudades estaban impulsando la movilidad compartida o carsharing y el transporte público para reducir las emisiones en sus cascos urbanos. ¿Cómo debería ser la nueva movilidad en las ciudades pospandemia?

Desde C40 creemos que esta movilidad descarbonizada tiene que pasar por oportunidades para que todos podamos caminar y andar en bicicleta para conseguir un beneficio muy claro: aire más limpio y espacios urbanos más saludables. En la práctica esto significa no solo crear vías sin coches, sino asegurarse de que las tiendas, los comercios y los servicios esenciales estén disponibles cerca de cada ciudadano. En relación con esto estamos explorando con este concepto de la ciudad de los 15 minutos, como en la que París ha querido reconvertirse. Otra característica de lo que tiene que ser la nueva movilidad dentro de la recuperación verde y justa de las zonas urbanas es la promoción y protección del transporte público, que es esencial y una fuente de empleos verdes y que también conecta a la gente con una manera de moverse libre de emisiones. Madrid o Barcelona, por ejemplo, se comprometieron con una de las declaraciones políticas de C40, la Green and Healthy Streets, que dice que a partir del año 2025 todos los autobuses que se compren serán cero emisiones. Este es un compromiso político muy importante.

Por último, Madrid se convirtió en una plataforma de investigación de carsharing muy relevante, y la instalación de estaciones de recarga de vehículos eléctricos tanto privados como compartidos puede ayudar a las ciudades a realizar esta transición a la movilidad eléctrica. Las ciudades con las que trabajamos en España y en Europa ya están llevando a cabo conversaciones para ver cómo poner al servicio de la ciudadanía las estaciones de recarga. Pero, además, se ha de marcar ejemplo y, por eso, animamos a todas las ciudades a que lleven a cabo esta transición en su propia flota de vehículos municipales.

El pasado diciembre el Acuerdo de París cumplió 5 años. Queda una década para alcanzar los objetivos y las ciudades son clave. ¿Crees que lo conseguiremos?

Ojalá tuviese una bola mágica para ver el futuro, pero animo a todo el mundo a tener fe y a trabajar conjuntamente, porque sino este trabajo no se puede hacer, no tendríamos impacto. Mi pequeña semillita personal es trabajar con las ciudades más grandes del mundo, las que más emiten, para que se pongan de acuerdo en que tienen que reducir sus emisiones, porque de lo contrario el Acuerdo de París y su objetivo de que el calentamiento global no supere 1,5 grados no va a ser posible. Cada día tenemos noticias de que más y más gente se está sumando a este movimiento. Los Estados Unidos se han reincorporado y el presidente Biden ha empezado a tomar medidas medioambientales y climáticas, y esto supone un gran impulso para las ciudades en Norteamérica. En Europa tenemos el Green Deal y unos objetivos climáticos muy ambiciosos. Además, el año pasado vimos cómo se consensuaba aumentar el objetivo para toda la región: de un 40% de reducciones para el año 2030 a un 55%. Así que creo que hay esperanza y que conseguiremos mantener las emisiones globales por debajo de ese umbral y, a la vez, que aprovecharemos esta oportunidad para construir sociedades resilientes, sostenibles y justas.