Economía circular

Desenchufar el mundo de su dependencia energética

Desenchufar el mundo de su dependencia energética

‘La Hora del Planeta’ se ha convertido en una cita imprescindible para visibilizar el compromiso colectivo en la lucha contra el cambio climático y sensibilizar así sobre la importancia de un uso más eficiente y sostenible de la energía. Durante 60 minutos este sábado 27 de marzo (de 20:30 a 21:30), nuestro planeta verá cómo monumentos, empresas, ciudadanos e instituciones de todo el mundo realizan un apagón masivo de forma voluntaria. Una hora de descanso energético para dar un respiro a la Tierra con una reflexión de fondo ¿estamos usando bien nuestra energía?

La energía ni se crea ni se destruye, solo se transforma. La adaptación del primer principio de la termodinámica a la realidad social del siglo XXI es tan obstinada como un opositor a notaría. La expansión económica mundial, el aumento de la población, el auge de las clases medias y su mirada en el espejo del consumo están arrinconando los recursos naturales del planeta. El mundo gasta el 8% de su riqueza en energía. El porcentaje más alto que se conoce. Además, hay un sentimiento profundo de pérdida. Solo un tercio de la energía primaria –la contenida en los combustibles antes de pasar por los procesos de transformación a energía final– es aprovechado. La ineficacia es un adjetivo con el que se escriben demasiadas frases de esta historia. Al mismo tiempo, el apetito del planeta es voraz. «Para 2040, la Agencia Internacional de la Energía (AIE) prevé un aumento del consumo energético equivalente a añadir otra China o India a la demanda actual», describe Kepa Solaun, profesor de la Escuela de Organización Industrial (EOI).

“‘La Hora del Planeta’ se ha convertido en una cita imprescindible para visibilizar la lucha contra el cambio climático”

La asociación Global Footprint Network sostiene que hoy estamos utilizando el equivalente a 1,5 veces la capacidad de esta vieja bola azul para reponer los recursos que utilizamos y absorber la contaminación producida. De seguir en este empeño, durante 2050 devoraremos tres planetas. No llegan, desde luego, buenos augurios. Es imposible extraer poemas de las noticias. El informe World Energy Outlook de 2017 pronostica un incremento de la demanda de energía entre 2012 y 2040 del 30%. «Solo India (debido al fuerte crecimiento de su población) y China (por el aumento de la industrialización en todo su territorio) son responsables de la mitad del tirón de esa demanda», apunta Carlos Andreu, profesor de EAE Business School.

Entonces, ¿ya está todo perdido? «No debe confundirse una tendencia con un destino inamovible», enfatiza Álvaro Polo, manager director de Accenture. «La innovación y el desarrollo tecnológico, que son consustanciales al ser humano, están abriendo escenarios alternativos mucho más esperanzadores». Vivimos al borde del comienzo de una transición energética. En este movimiento una de las mayores incertidumbres es la velocidad del proceso. El carbón, recuerda Eric Borremans, experto global en sostenibilidad de la gestora Pictect AM, tardó 60 años en alcanzar una cuota de producción de energía del 50% y el petróleo consumió el mismo tiempo para llegar al 40%. «Ahora la clave es la competitividad económica de las alternativas. De momento, el coste de la energía solar en regiones ecuatoriales es ya aceptable sin subsidios», apunta Borremans. Es un movimiento que se suma a otros muchos, pequeños y grandes, que conducen a un mundo más verde.

“La vieja energía no termina de morir y la nueva no acaba de nacer”

También resulta factible que los edificios, que son grandes consumidores de energía, a medida que instalen paneles solares empiecen a competir con las eléctricas y puede, incluso, que vendan la energía sobrante a la red. El futuro no está escrito; tampoco el de la energía. Hay motivos para acorazarse en la esperanza.

Vivimos en un cruce de caminos. De un tiempo pasado a un tiempo que llega. Un espectador que observara este tránsito de forma imparcial vería que todo este viaje resulta imposible sin las energías renovables. «Este universo energético verde es el que, sin duda, nos permitirá avanzar hacia la descarbonización y a un coste inferior que, si se mantienen las fuentes hasta ahora llamadas convencionales», prevé Luis Crespo, presidente de Protermosolar, la Asociación Española para la Promoción de la Industria Termosolar. Sin embargo, atravesamos los cenagosos predios de una paradoja. La vieja energía no termina de morir y la nueva no acaba de nacer. Aquí, la economía circular es una vía abierta para transitar hacia un mundo de energías sostenibles. Empezando por nuestra insaciable (e insostenible) capacidad de consumir productos. «En este sentido, todas las acciones que nos conduzcan a alargar la vida útil de los productos conllevarán un ahorro energético», relata Luis Seguí, profesor de sostenibilidad en la EAE Business School. Esto supone, por ejemplo, el fin de la obsolescencia programada. Mientras, encima de la mesa, los expertos barajan sus cartas. Proponen vías hacia la eficiencia energética que nos orienten en nuestro particular cruce de caminos. Escuchemos. Compuestos totalmente reciclables, recuperación de productos a través de esa práctica o la utilización de nuevos materiales con bases biológicas. Tres opciones para consumir menos energía. Hay más. Pero lo que existe es la auténtica conciencia de que no se puede seguir así.

” La economía circular es una vía abierta hacia un mundo de energías sostenibles”

Al tiempo, Europa muestra sus esperanzas. ¿Sus objetivos en 2030? Reducir el 40% las emisiones de dióxido de carbono y aumentar el 27% la cuota de renovables en el mix energético. Algo factible, «porque desde un punto de vista teórico y tecnológico se podría llegar a medio plazo a un mundo donde el total de las energías sean renovables», apunta Javier de Cendra, decano de IE Law School.

Con todo, la presión de la tecnología, las alternativas, los cambios de preferencias de los consumidores (cada vez más sensibilizados en temas medioambientales), la eficiencia energética y una regulación más exigente podrían reducir la producción de petróleo en el mundo de 90 millones de barriles diarios a 74 millones. Y, si el crudo pierde presencia, el resto de las fichas irán cayendo del tablero. Una apertura con blancas a un mundo mejor. Un mundo, en el que, si jugamos bien esa partida, veremos citas como ‘La Hora del Planeta’ como anécdotas de un pasado lleno de excesos energéticos, un pasado superado. Pero, de momento, las piezas siguen en movimiento.