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Jaime del Barrio: «Nadie está a salvo del riesgo para la salud que supone el reto ambiental»

Jaime del Barrio: «Nadie está a salvo del riesgo para la salud que supone el reto ambiental»

La digitalización de todos los aspectos de nuestras vidas ha quedado patente durante el último año. La educación, el trabajo e, incluso, la sanidad, han pasado por un proceso de transformación digital forzado por una pandemia que, según los expertos, no será la última que la humanidad viva de no frenar en seco la destrucción de la biodiversidad y el calentamiento global. El médico Jaime del Barrio, presidente de la Asociación de Salud Digital, reivindica una nueva manera de entender la salud que tenga en cuenta los retos medioambientales y tecnológicos de este siglo. 

«Los problemas y las soluciones en salud están inevitablemente ligados al nivel sociocultural de los pueblos»

2020 y lo que llevamos de 2021 han supuesto un gran reto para los sistemas sanitarios de todo el mundo. Pero ¿cuáles son los grandes desafíos de la salud del futuro?

El principal desafío viene derivado de la globalización, ya que todas las personas, independientemente del lugar en el que vivan deben tener derecho al máximo nivel de salud que se pueda lograr, ya que esta es un derecho humano y –como por desgracia se ha puesto de manifiesto– de importancia vital para poder desempeñar el resto de actividades humanas. En este momento, el mayor reto viene del riesgo ambiental, ya que el cambio climático repercute en la salud de las personas de distintas formas y en todas las edades y lugares, siendo especialmente nocivo para los más vulnerables. Pero nadie está a salvo. También están las enfermedades no transmisibles y las transmisibles, y tanto en unas como en otras será fundamental la labor de la salud pública. Las primeras, como la diabetes, el cáncer y las enfermedades del corazón, son evitables si trabajamos activamente sus factores de riesgo como el tabaquismo, la falta de actividad física, el consumo de alcohol, las dietas poco saludables o la contaminación del aire. En cuanto a las segundas, en aquellos entornos con una salud pública y atención primarias deficientes, cualquier patógeno puede causar estragos locales, que rápidamente serán globales. Por eso, hemos de abordar la sanidad desde una visión global, no solo para evitar problemas de salud, sino también para buscar soluciones. E, insistiendo en la salud pública, también hemos de desarrollar una acción conjunta en el uso de los medicamentos: existen países en los que el uso excesivo de antibióticos en las personas –y también en los animales– está impulsando una creciente resistencia de bacterias, parásitos, virus y hongos frente a estos medicamentos, mientras que en otros los pacientes no pueden tener acceso a las medicinas más elementales. Esto supone una amenaza real para devolvernos a épocas en que no podíamos tratar infecciones comunes porque habríamos destruido nuestro arsenal terapéutico. Mención aparte en cuanto a medicamentos se refiere es para las vacunas: su falta de acceso en todo el mundo puede tener graves consecuencias para todos y, de hecho, en este momento hay una amenaza de revertir los avances que se han producido en las últimas décadas en la lucha contra enfermedades prevenibles en las poblaciones más vulnerables. Pero los problemas y las soluciones en salud están inevitablemente ligados al nivel sociocultural de los pueblos, y ahí es donde hemos de insistir, buscando una salud pública y una atención primaria fuertes.  Además, será más fácil combatir las amenazas sanitarias desde la solidaridad y la corresponsabilidad en un entorno global en el que las nuevas tecnologías han venido para ayudarnos.

«Cuando hablamos de salud, no estamos en una época de cambios, sino en un cambio de época»

En una realidad en la que los efectos del cambio climático son cada vez más patentes –como los eventos climáticos extremos o el aumento de olas de frío y de calor–, y teniendo en cuenta que España es uno de los países europeos más amenazados por el calentamiento global, ¿cómo deberán adaptarse los sistemas sanitarios de nuestro país a la nueva realidad sanitaria y climática? Y los pacientes, ¿qué pueden esperar de la sanidad del futuro?

En primer lugar, siendo conscientes de esta nueva realidad. Los objetivos de los sistemas sanitarios no pueden ser los mismos ahora que hace unos años. La amenaza es global y la solución, que también ha de serlo, pasa por establecer prioridades locales e ir a por ellas, sin perder de vista la globalización. Los pacientes pueden y deben esperar la solución a sus problemas de salud gracias a unos sistemas sanitarios más cercanos a ellos y a las nuevas tendencias en la búsqueda de la salud individual y colectiva en las que, además de los gestores y profesionales sanitarios, los pacientes y la sociedad en general tienen un papel activo. Hay situaciones extremas ligadas al cambio climático en las que poco podemos hacer una vez llegan, pero sí que podemos y debemos intervenir antes, por ejemplo, en el modelo de producción y distribución de los medicamentos y productos sanitarios y su impacto en el entorno. Me refiero a la relocalización. Hace unos años, los principales factores que influyeron en decisiones de deslocalización se encontraban entre otras razones en la disponibilidad y los costes más bajos en la mano de obra, la proximidad y el acceso a los mercados, la proximidad de materias primas, algunos aspectos relacionados con incentivos gubernamentales, la moneda o los tipos de cambio, un transporte barato o la ausencia de normativas ambientales. Pero ahora se está dando el fenómeno de la relocalización, todo al replantearse las decisiones que en su momento llevaron a la deslocalización, ya que las razones, en un momento propicias, ahora ya no lo son tanto. A tener en cuenta, entre otras, están la falta de ahorros esperados, los largos tiempos de entrega motivados por las distancia, el desabastecimiento, la falta de flexibilidad ante necesidades urgentes, el cambio de la dinámica de los mercados, la aparición de problemas de calidad o de servicio al no poder controlar la producción en países lejanos, los avances en automatización y robotización de los procesos, la disponibilidad de la mano de obra en países de origen, la propiedad intelectual, la cualificación del personal, los incentivos de los gobiernos para cambiar de localización y, en concreto, desde el punto de vista ambiental, el alto impacto en los lugares deslocalizados y en el transporte desde países remotos.

«Será más fácil combatir las amenazas sanitarias desde la solidaridad y la corresponsabilidad»

Una consecuencia sanitaria muy ligada a la pérdida de biodiversidad y a la crisis climática es el aumento de enfermedades vectoriales y zoonóticas. Tras la experiencia de la covid-19, ¿estaremos –la sociedad, los sanitarios y los sistemas de salud– mejor preparados para la próxima pandemia?

Ojalá hayamos aprendido, aunque soy escéptico: hay demasiadas inercias e intereses, y me temo que si no trabajamos para ello cometeremos los mismos errores que hemos cometido ahora. Hecho en falta análisis independientes a todos los niveles, preocupados en justificar lo hecho sin pararse a evaluar otros posibles escenarios de haber actuado de otra forma. Y si no se hace ahora dudo que se haga posteriormente cuando la amenaza se haya pasado y no veamos cerca la siguiente que, indiscutiblemente, aparecerá como una repetición de lo ocurrido con la pandemia actual en la que nadie hizo lo necesario por evitarla.

La crisis sanitaria sin duda ha impulsado la digitalización de la sanidad. Sin embargo, con una población tan envejecida como la española y con alrededor de 13 millones de personas sin conexión en nuestro país, ¿es realmente viable digitalizar nuestra sanidad? ¿Cómo acercarle la salud digital a los más mayores?

Sí, es verdad que el grado de madurez digital en nuestro país en lo que a la salud se refiere no es el deseable, pero hemos de alcanzarlo lo más rápidamente posible. Vivimos en un entorno digital y los ciudadanos –incluidos los pacientes–, independientemente de su edad, son digitales para acceder a múltiples productos y servicios. Sin embargo, en lo relativo a la salud, no tienen todavía tanta facilidad y no es entendible, porque si buscan su referente sanitario en la red y no lo encuentran, algo encontrarán que probablemente no sea lo más deseable. Hemos de tomarnos la digitalización de la sanidad como algo prioritario y urgente. Y esto no es solo aplicable a nuestro entorno: es una realidad mundial que se presenta como una oportunidad histórica de dejar de hablar de países ricos y pobres en lo que al acceso a la salud se refiere. Cuando hablamos de un abordaje integral e integrado de la salud, no estamos en una época de cambios, sino en un cambio de época.

«La digitalización es la mejor aliada de la humanización de la medicina»

Si antes de la pandemia ya se hablaba de (re)humanizar la sanidad, ahora se hace cada vez más esencial. ¿Cómo podría la salud digital volver a poner al paciente, con nombre y apellidos, en el centro de la sanidad? ¿Y cómo podría ayudar a los sanitarios en su día a día?

No se concibe un sistema sanitario actual y futuro sin contar con las ventajas de la digitalización que se va a ver potenciada por el 5G y las nuevas tecnologías, principalmente por la inteligencia artificial. Es fundamental que los datos de los ciudadanos y los pacientes integrados en su historia clínica digital estén bien recogidos y almacenados: no solo permitirán el diagnóstico, tratamiento y seguimiento en la enfermedad, sino que también permitirán su predicción y prevención tanto a nivel individual como colectivo, haciendo realidad la medicina 5P (predictiva, preventiva, personalizada, participativa y poblacional). La digitalización es la mejor aliada de la humanización de la medicina: actualmente, la interacción médico-paciente se ve interferida por la lucha con la burocracia informática. Ha llegado el momento de que el poco tiempo que dura esta interacción sea de calidad, pero no solo gracias a la inteligencia artificial, sino a soluciones digitales amables y la automatización previa de un porcentaje elevado de procesos.