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Consumo preferente y fechas de caducidad: ¿cómo leer las cifras para reducir el desperdicio?

Consumo preferente y fechas de caducidad: ¿cómo leer las cifras para reducir el desperdicio?

Alrededor de 690 millones de personas padecen hambre y 3.000 millones no pueden permitirse una dieta saludable. Estas cifras globales las destaca el último informe de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), El estado de la seguridad alimentaria y la nutrición en el mundo, y reducirlas es uno de los grandes retos asumidos en la Agenda 2030. Sin embargo, el problema va a peor, dice la FAO: «Si la tendencia continúa, en 2030 se superarán los 840 millones de personas». Unos datos sorprendentes teniendo en cuenta que –también según este programa de la ONU– se produce suficiente comida como para alimentarnos a todos. Pero el problema reside en las toneladas de alimentos que se pierden y desperdician cada día. En España, 8 de cada 10 hogares reconocen desperdiciar comida. Según los últimos datos del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación (MAPA), en total se arrojan a la basura 1.352 millones de kilos anualmente. De ellos, 1.146 millones corresponden a productos sin elaborar –frutas, hortalizas y verduras, principalmente– y los 206 restantes a platos cocinados.

En España se tiran 1.352 millones de kilos de alimentos a la basura cada año

Evitar gran parte de este desperdicio está en nuestra mano y es tan sencillo como aprender a leer el etiquetado de los productos que compramos. Así lo dice la Comisión Europea en el marco de su estrategia Farm to Fork, o de la granja al tenedor: las fechas de caducidad y de consumo preferente son uno de los factores que más influyen en el desperdicio de alimentos. Su intención es legislar para que se identifiquen mejor, establecer criterios para fijar las fechas y cambiar los nombres para que los consumidores entiendan mejor a qué se refiere cada una. Pero mientras los políticos se ponen de acuerdo en cómo hacerlo, no está de más conocer cómo funciona ahora mismo. Y es que, según una encuesta de la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU), 4 de cada 10 personas no tienen claras las diferencias entre fecha de caducidad y consumo preferente. Y no entenderlo significa, por un lado, que alimentos en buen estado acaben en la basura y, por el otro, que podamos llegar a consumir otros que estén en mal estado.

Si la tendencia continúa, en 2030 serán 840 millones las personas que padezcan hambre

Las claves del baile de fechas

«La fecha de caducidad es la que se usa en productos frescos, como carnes y pescados, con los que nos podemos intoxicar si los consumimos pasada la fecha, ya que tienen riesgos microbiológicos», explican desde la OCU. Debido a ese riesgo, una vez pasada la fecha indicada, no debemos comer esos alimentos. Solo en caso de ser conscientes de que no vamos a poder consumirlos antes, la OCU recomienda congelarlos previamente a la llegada de la fecha indicada.

Por su parte, la fecha de consumo preferente permite una mayor flexibilidad. «Una vez cumplida, este tipo de productos no presentan riesgo microbiológico inminente. En principio, todos los productos que tienen fecha de consumo preferente –no de caducidad– se pueden consumir una vez pasada esta», apunta la OCU. Eso sí, con el paso de los días puede perder calidad y no dura eternamente. El tiempo que sigue en buen estado tras la fecha de consumo preferente dependerá del alimento y de la manera en la que ha sido conservado. En general, dice la OCU, se pueden consumir unos días después, pero no pasados meses.

La fecha de caducidad corresponde a productos frescos con riesgos microbiológicos

Más allá del tipo de fecha que indique la etiqueta –caducidad o consumo preferente–, para saber si un producto se puede comer o no hay que comprobar su estado. Ya sabemos, en el caso de la caducidad, si se ha pasado, el alimento no se puede comer. Con la fecha de consumo preferente, el fabricante no asegura que el producto se conserve en condiciones óptimas. Es decir, sus sabores y aromas pueden cambiar. El consejo de la OCU es «mirarlo, olerlo bien, y probarlo. Si queremos más seguridad, hay que cocinarlo. Si el producto tiene sabor u olor raro, se separan las fases, hay crecimientos de mohos o está cortado, es mejor descartarlo, incluso si esto ocurre antes de caducar o de que se pase el consumo preferente, algo que puede suceder si las condiciones de conservación no han sido adecuadas».

Los productos que tienen fecha de consumo preferente se pueden consumir una vez pasada esta

Un último consejo que vale para ambas etiquetas: una vez abierto, la fecha ya no vale para nada. Porque, como recuerda la OCU, «una vez que se abre, la fecha indicada en la etiqueta deja de tener validez y hay que consumir el producto más o menos rápido». Si queremos vivir de manera más sostenible y reducir al máximo el desperdicio de alimentos, dedicar un momento a leer (y entender) las etiquetas de lo que comemos es esencial.