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Paul J. Crutzen: el Nobel que le puso nombre a nuestra era

Paul J. Crutzen: el Nobel que le puso nombre a nuestra era

Ocurrió durante una conferencia en Cuernavaca (México), en el año 2000. Un hombre se puso de pie y declaró que vivíamos en el Antropoceno. No se trataba de cualquier desconocido, sino del Premio Nobel de Química de 1995, Paul J. Crutzen. De ahí que captara la atención de todos los asistentes. Tanto que su propuesta se convirtió en motivo de discusión hasta que Antropoceno se consideró el término oficial para definir la era geológica en la que vivimos: la era de los humanos. Esta fue para Crutzen –fallecido el pasado 28 de enero, a los 87 años, en la ciudad de Maguncia, en Alemania–, su contribución más importante: en esta palabra se refleja su preocupación por el cambio climático y otras presiones ambientales en un mundo con una población en constante crecimiento.

Viaje a los inicios del padre del Antropoceno

Crutzen nació en Ámsterdam el 3 de diciembre de 1933. Hijo de una familia obrera, contaba a Astrid Gräslund, integrante del consejo de los Premios Nobel, en una entrevista que la ciencia le interesó desde la infancia gracias a los libros que había en su casa. «Los de exploraciones hacia el polo norte y el polo sur, y un libro de fotos en blanco y negro sobre el parque de Yellowstone (Estados Unidos) me fascinaban», reconocía. Sin embargo, sus primeros estudios fueron en ingeniería civil. No fue hasta la década de los 60 cuando entró de lleno en el mundo de la meteorología, al compaginar su estudio en la Universidad de Estocolmo y su trabajo como programador informático. Durante su posgrado combinó ambas especialidades para crear un modelo informático de la estratosfera con el que explicar la distribución del ozono a diferentes alturas.

En los 70 descubrió que los óxidos de nitrógeno tienen la capacidad de destruir la capa de ozono

Fue en aquel entonces, precisamente gracias a este trabajo, cuando descubrió que los óxidos de nitrógeno (NxOx) podrían catalizar reacciones que destruyen el ozono. Pocos años después, durante los 70, descubriría así que este tipo de contaminantes atmosféricos –que se desprenden, por ejemplo, durante los vuelos de los aviones supersónicos usados por el ejército– tienen la capacidad de destruir la capa de ozono.

Desde ese momento, el experto dedicó gran parte de su tiempo a la divulgación de esta importante información. De hecho, su informe sobre el tema, publicado en 1989, influyó en la elaboración de políticas públicas sobre la atmósfera y el clima. Además, ayudó a sentar las bases del Protocolo de Montreal de 1987, con el que diversos países miembros de Naciones Unidas se comprometieron a eliminar, en un periodo de 25 años, este tipo de sustancias contaminantes. Finalmente, en 1995, su hallazgo le valió el Premio Nobel de Química compartido con F. Sherwood Rowland y Mario J. Molina, quienes habían demostrado que tales daños se podían producir también por clorofluorocarbonos, y habían encontrado un agujero en la capa de ozono sobre la Antártida.

El Antropoceno es el término oficial, acuñado por Crutzen, para definir la era geológica en la que vivimos: la de los humanos

El invierno nuclear

Paralelamente a su trabajo sobre la capa de ozono, Crutzen se interesó por cuáles eran las fuentes de contaminación del aire en la atmósfera interior (la troposfera) y sus efectos sobre el cambio climático. En este sentido, fue quien demostró la importancia que tiene la quema de biomasa en la deforestación y la agricultura sobre la contaminación del aire. A raíz de esto, estudió el impacto que podrían tener sobre el medioambiente las tormentas de fuego que se desencadenarían en caso de darse un conflicto nuclear. La consecuencia sería lo que denominó el invierno nuclear: enormes columnas de humo formadas, entre otras cosas, por carbón negro capaz de absorber la energía solar hasta enfriar la tierra.

Aunque oficialmente se retiró en el año 2000, Crutzen no dejó de divulgar sus conocimientos. Este científico abogaba también por investigar en geoingeniería para dar una solución a la crisis climática en caso de que no lleguemos a ser capaces de detener el aumento de la temperatura global y reducir las emisiones generadas por el ser humano. Porque aunque el impacto humano en el planeta conforme una parte ínfima de la historia de la Tierra, esta era de los humanos ya tiene su nombre propio –pues los cambios en clima son patentes– y su apellido: el Antropoceno de Crutzen.