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Algas para luchar contra el cambio climático

Algas para luchar contra el cambio climático

Las emisiones de metano acumulan años en el punto de mira de las políticas públicas contra el cambio climático. Este gas se suele producir de forma natural, por la descomposición de materia orgánica en procesos como las filtraciones de gas en depósitos subterráneos o la digestión de alimento en el ganado. Y es precisamente en este último caso donde se han encontrado dos inesperadas aliadas en forma de algas: la Asparagopsis taxiformis y la Asparagopsis armata.

Estas dos variedades de alga tropical podrían convertirse en una herramienta esencial para disminuir la cantidad de emisiones dañinas para la atmósfera, especialmente las emisiones de metano. Así lo apuntan las conclusiones de un estudio publicado en marzo de 2020 por cuatro centros de investigación de Australia y Nueva Zelanda. En el experimento se agregó Asparagopsis taxiformis a razón de entre el 0,05% y el 0,20% de la materia orgánica del pienso de unos bueyes de raza cruzada Brahman-Angus. Después se analizaron las emisiones de metano de las heces de los animales, se controló al milímetro la alimentación y, posteriormente, se estudió la carne.

Estos tipos de alga pueden reducir las emisiones de metano de la ganadería

«Los novillos que recibieron entre el 0,10% y 0,20% de Asparagopsis demostraron una disminución del metano de hasta el 40% y el 98% y registraron una mejora en el aumento del peso del 53% y el 42%, respectivamente», aseguran los investigadores en sus resultados. Y recalcan que «no hubo ningún efecto negativo durante la ingesta diaria del alimento». Estos datos se deben a que estas algas generan de forma natural bromoformo, un líquido que reacciona químicamente en el estómago de las reses eliminando el metano antes de que este acabe expulsado hacia la atmósfera.

El metano, un especialista en retener el calor

¿Y cómo de peligroso es el metano en comparación con el dióxido de carbono? Según el estudio de la FAO, el metano «retiene el calor 84 veces más que el CO2» y es responsable de «la mitad del aumento de los niveles de ozono» en la atmósfera. Y los niveles de estas emisiones de efecto invernadero no han parado de crecer en las últimas décadas. Según los últimos datos disponibles, en 2017 la atmósfera absorbió 600 millones de toneladas de este gas. Esto es, un 9% más que a principios de siglo.

El metano es responsable de la mitad del aumento de los niveles de ozono

Sin embargo, pese a lo alentador de los resultados del estudio impulsado en los países oceánicos, todavía queda camino por recorrer y no todos los indicios parecen halagüeños para el uso de este tipo de algas. Según recoge Feed Navigator, citando un estudio del centro neerlandés Wageningen Livestock Research, «el bromoformo inhibe la formación de metano en el rumen de las vacas. Sin embargo, también es tóxico». Y es que el académico que lideró el informe sobre las algas y la ganadería afirma que se pudieron encontrar restos de este líquido en la orina y la leche de las vacas estudiadas. No obstante, la pequeña cantidad de animales incluida en la muestra y la falta de datos acerca de los efectos negativos de esta sustancia juegan a favor de los defensores del uso de algas.

Plantaciones de algas para captar CO2 y prevenir la acidificación del agua

Aunque este método no incida en una de las principales reivindicaciones de los grupos verdes y ecologistas –el de la reducción global del consumo de carne–, con la ayuda de estas algas se podrían matar dos pájaros de un tiro: su plantación favorecería también la absorción de CO2. Esto se debe a que las algas –y, en general, toda la vegetación marina– almacenan el carbono, evitando de forma colateral el aumento de la acidificación del océano.

En todo el mundo, hay alrededor de 48 millones de kilómetros cuadrados aptos para el cultivo de algas marinas

Siguiendo esta línea, algunos estudios ya apuntan a que la plantación masiva de algas puede ser una de las claves para paliar los efectos del cambio climático. No como arma para acabar de raíz con el problema, pero sí para complementar la reducción de emisiones con la transición hacia las energías limpias o la renovación y modernización de la industria.

Y espacio para estas plantaciones parece que no faltar. Cuatro investigadores californianos señalaron en 2019 que, teniendo en cuenta las limitaciones ecológicas conocidas (nutrientes y temperatura) en el fondo marino del planeta, hay alrededor de 48 millones de kilómetros cuadrados «aptos para el cultivo de algas marinas». Por tanto, ya sea con las Asparagopsis o con otro tipo de alga, lo cierto es que la apuesta por este tipo de cultivos puede suponer un punto de inflexión en las nuevas políticas de transición hacia un modelo económico y social más sostenible y circular.