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«El cine nunca sustituye un día en el campo, pero puede conectarnos con la naturaleza en todos los sentidos»

«El cine nunca sustituye un día en el campo, pero puede conectarnos con la naturaleza en todos los sentidos»

En el silencio más asolador de lo más profundo del bosque habita Gus, un niño de once años, mientras un temible virus acaba con media humanidad. Salvo con Gus y el resto de niños que son como él: mitad humanos, mitad animales. Viven aislados de la sociedad porque, mientras algunos los consideran ‘una respuesta de la naturaleza al daño del ser humano’, otros, simplemente, quieren hacerlos desaparecer. No son capaces de entender que, a fin de cuentas, también forman parte del ecosistema. Inspirada en los cómics de DC, Sweet Tooth: el niño ciervo (Netflix) invita a parar y pensar sobre nuestra relación con la naturaleza a través de un drama que pone a la biodiversidad en el centro del debate: ¿Hasta dónde es capaz el ser humano de desconectarse de lo que (y de quienes) le rodean?

Para Marta García Larriu (Madrid, 1981), el cine es conciencia. Remover al espectador. Y ella es experta en hacerlo, porque en 2015 decidió embarcarse en un proyecto que está más vivo que nunca: Another Way Film Festival, un festival de cine que busca  informar, educar y sensibilizar a través de una cartelera donde el medio ambiente, la biodiversidad y los derechos humanos son los protagonistas. A punto de arrancar la séptima edición, la directora de AWFF desgrana cómo el sector puede transformarse de forma definitiva en una herramienta para luchar contra el cambio climático y la destrucción de biodiversidad.

El cine muestra lo que podemos perder, lo que estamos perdiendo y lo que hacemos mal; pero también nos sienta frente a lo que podemos conseguir

Another Way FIlm Festival fue pionero en la visibilización del medio ambiente y el planeta a través del séptimo arte en España. Fue antes de las plataformas de streaming y la tendencia al alza de las producciones con la sostenibilidad en el centro. ¿Cuál fue el detonante?

Por aquel entonces, yo llevaba más de diez años trabajando en cine. Viajé mucho, por América Latina especialmente. En Argentina participé en el Animal Film Festival, una edición que versaba en torno a estas temáticas, aunque con un toque más ‘espiritual’. Fue la primera vez que escuché el concepto del ‘emprendimiento social’ y algo me hizo ‘click en la cabeza’: yo, economista de formación, acababa de descubrir que se podía ser rentable y aún así poder hacer el bien. Fue como ese típico momento de tu vida en el que pasa algo y todo cambia. Me quedé con la idea del poder transformador de las imágenes. Aunque lo que me lanzó definitivamente a ello fue un momento personal: el día que fui con mis sobrinas a por cangrejos a la playa de siempre y todos habían desaparecido. El problema había llegado a las puertas de mi casa, así que tenía que arremangarme para solucionarlo.

En la primera edición, solo emitisteis nueve películas. Ahora contáis con cinco sedes, 24 largos y 10 cortos en un formato híbrido adaptado en la pandemia. ¿España se preocupa por el cine en clave verde?

Hemos tenido la suerte de que, desde el lado cineasta, muchos nombres reconocidos se hayan hecho eco de nuestra iniciativa. Siempre se agradece para poder alcanzar a un mayor público. Es una buena materia prima, pero definitivamente estamos ante un movimiento que no ha dejado de ganar fuerza en la última década gracias al trabajo de las ONG, de activistas como Greta Thunberg o, en mi terreno, directores como Carlos Bardem con Santuario –un documental, rodado en la Antártida, que trata la importancia de conservar las últimas zonas vírgenes como esta–. Hay mucha gente que está en pro de este movimiento sostenible. Yo me siento parte del movimiento y pienso que damos un aporte cultural desde la sostenibilidad a nivel nacional.

Hay mucha gente que está en pro de este movimiento sostenible. Yo me siento parte del movimiento

Vuestro lema para la edición de 2020 insistía en que ‘Sorprendamos al futuro’, invitándonos a abrir los ojos ante una realidad: la pandemia estaba aquí. Nunca antes habíamos tenido tan claro como entonces la íntima interconexión que existe entre el ser humano y la biodiversidad. Ahora, el lema de esta edición es ‘Aunemos esperanzas’. ¿En qué punto estamos?

En ambos casos estamos hablando del potencial que tiene la humanidad para responder a esta y otras crisis. ‘Sorprendamos al futuro haciendo el bien invita a aunar esperanzas, porque hay muchísimas iniciativas que se están volcando en este problema acompañadas de una voluntad política a nivel internacional que por fin está canalizando fondos y financiación ya que, al fin y al cabo, el dinero es lo que va a hacer que cambie el sistema. En resumidas cuentas, se está notando ese esfuerzo europeo de una transición ecológica y sostenible.

A título personal, me he cruzado en estos meses con muchas personas a las que la pandemia les ha obligado a reflexionar y a recapacitar. Empresarios que se han dado de bruces con el problema, por ejemplo. Y también jóvenes generando movimientos muy potentes. Por fin hay transversalidad; y lo único que nos queda es juntarnos.

Vuestra cartelera está encabezada por numerosas películas relacionadas con la biodiversidad, y llega en un momento en el que urge la concienciación: en la Lista Roja, más de un cuarto de las 10.000 especies incluidas ha desaparecido. ¿Qué papel juega el cine en la enseñanza sobre la importancia de la biodiversidad?

Nos muestra todo lo que podemos perder, lo que estamos perdiendo y lo que hemos hecho mal. Pero también nos sienta frente a lo que podemos conseguir. Quiero hacer mucho hincapié en el trabajo de los cineastas, porque es su investigación la que nos aporta una versión global del sistema económico, social, mundial, que creo que es fundamental para comprender lo que está ocurriendo. El cine tiene ese poder. No digo «obligación», porque también tiene su derecho al arte, pero desde luego que está ilustrando la época en la que vivimos. Ahora a través de documentales, pero en ficción también, la biodiversidad y el medio ambiente van a ir calando.

¿Por qué el cine sí, y no tanto otras artes?

Suma más sentidos para acercarnos, en este caso, a la biodiversidad. Te hace sentir parte de algo. Y, si lo sientes, lo defenderás. Por eso, en el festival sumamos a las películas numerosos coloquios con expertos ambientales que permiten reenfocar las energías al acabar la película. Porque una vez que terminan los créditos, siempre queda la pregunta: «Y yo, ¿qué hago?». Es un cliché, pero es que una imagen vale más que mil palabras. Ver imágenes reales de otros humanos o seres vivos, simplemente, es apabullante.

Por supuesto, y seamos honestos, eso no quita que ir al campo una vez a la semana implique una conexión mucho mayor con la naturaleza que ir al cine. La verdadera conexión es el campo, el mar. Por eso ofrecemos toda una serie de actividades: tenemos ocho actividades relacionadas con ello, incluyendo una formación para cineastas comprometidos con producir cine de manera sostenible. También generamos encuentros de emprendedores donde salen a la luz alternativas en las que empresarios españoles nos cuentan cómo llevan a cabo su negocio teniendo en el alma de su proyecto la búsqueda del tripe balance económico, social y ambiental. A eso sumamos dos talleres para la gestión emocional de la crisis, los foros de encuentro y los talleres vivenciales. Consiste en romper barreras para pasar a la acción.

La cita inaugural del festival arranca con ‘Dear Future Children’, una película que narra las peripecias de tres jóvenes activistas que luchan contra la injusticia ambiental. Es un reflejo del compromiso que las nuevas generaciones tienen en la actualidad con el planeta. Pero ¿están los jóvenes lo suficientemente concienciados o es una simple corriente?

Están muchísimo más concienciados que cualquier generación anterior. Hay que tener en cuenta que todos los problemas relacionados con el cambio climático y la biodiversidad vienen de hace más de 80 años. Aunque siempre se puede profundizar más, pero es que esto no es una responsabilidad suya. De hecho, el movimiento Fridays for Future pide que escuchen a los científicos, no a ellos. No quieren ser protagonistas. No tienen que ser ellos los que salven el mundo.

Y, con un altavoz como las nuevas tecnologías, ¿su mensaje llega con suficiente volumen al cine?

El movimiento juvenil ya ocupa pantallas. La reciente Bigger than us, protagonizada por Marion Cotillard, ​​da una vuelta al mundo en siete retratos de hombres y mujeres jóvenes que luchan por un futuro mejor. Animal es otro filme con una trama similar. Estas generaciones están siendo objeto de observación porque el cine es un reflejo de lo que vivimos. Puede sonar oportunista, pero es que es realista: hablamos de algo histórico y me parece completamente lógico que se genere una disciplina alrededor.

A través de documentales, pero en ficción también, la biodiversidad y el medio ambiente van a ir calando

No obstante, esa digitalización que acerca a los jóvenes al cine y viceversa también genera su propia huella. De hecho, la revolución tecnológica en el mundo cinematográfico está dotando de las herramientas más punteras de efectos especiales para una de las categorías cinematográficas más taquilleras: las superproducciones. Pero ¿a qué precio?

Es curioso, porque la transición que pide Europa tiene que ser sostenible y digital, y en la sostenibilidad tenemos en cuenta lo digital, pero no tanto al revés. En algún momento, va a haber que incorporarlo. Todo el mundo cinematográfico, a todos los niveles, tiene que encontrar el punto de equilibrio entre la eficiencia y el consumo. También la moderación.

¿Existe acaso alguna industria cinematográfica en la que podamos inspirarnos?

Hay iniciativas que están muy avanzadas. En 2020, los BAFTA tuvieron su primera ceremonia con acciones sostenibles y hay entidades que promueven producciones audiovisuales sostenibles. Son movimientos que celebrar. De hecho, en Estados Unidos existen los Environmental Media Awards, premios que reconocen las películas por su contenido y producción sostenible que nacieron en los años ochenta promulgados –por supuesto– por Robert Redford.