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“Nuestro modelo actual de economía, energía y consumo no sirve para combatir el cambio climático, pero tenemos una oportunidad para repensarlo”

“Nuestro modelo actual de economía, energía y consumo no sirve para combatir el cambio climático, pero tenemos una oportunidad para repensarlo”

Hay estudios científicos que relacionan directamente la crisis climática con la acción humana. ¿Qué destaca el último informe del IPCC?

El IPCC tiene un objetivo claro: informar sobre el estado del cambio climático para que luego los gobiernos tomen decisiones. En el último informe se habla de la situación en la que estamos ahora, con 1,5ºC por encima de la época preindustrial y unos efectos sin precedentes. La actividad humana es la principal causante de esto. Lo relevante de este informe es su énfasis en la escala regional del cambio climático, y es que todas las regiones están experimentando el cambio climático, si bien de forma distinta: la temperatura aumenta en todas, pero las precipitaciones intensas solo en algunas, las sequías en otras, y aunque el aumento del nivel del mar es generalizado, no afecta del mismo modo a todos los lugares.

¿En qué consiste el Atlas interactivo del IPCC?

Este nuevo atlas es interactivo y ofrece un análisis más regional. En un documento estático es imposible poder expandir todas las opciones posibles porque las estaciones del año cambian en cada lugar y hay, por ejemplo, regiones monzónicas con una estación muy particular. El Atlas interactivo permite dar este nuevo énfasis regional al informe, mostrando todos los cambios que ocurren a nivel regional para que se visualicen de manera más específica. Además, este atlas es un producto español. He sido uno de los coordinadores y está albergado en el Instituto de Física de Cantabria desde el que damos soporte al IPCC. No pretende ser un servicio climático porque la información del atlas está limitada a la información que se da en el IPCC, pero es de utilidad para los gobiernos porque pueden descargar la información para hacer un análisis más específico. Además, es novedoso en cuanto que proporciona información de modo más amigable para el usuario pudiendo construir nuevos productos sobre esos datos, mientras que antes era más difícil.

Durante la pandemia hemos tenido tiempo para repensar nuestros modelos productivos con respecto a la economía y el medioambiente. ¿Se podría afirmar que el futuro verde será más local?

El problema del cambio climático está alineado con el de la sostenibilidad, por lo que el aspecto social y local es clave. Nuestro modelo actual de economía, energía y consumo no sirve para combatir el cambio climático, pero tenemos una oportunidad para repensarlo. El modelo del futuro será más local: se está hablando de volver al comercio de cercanía, de transitar hacia un consumo más sostenible, a energías más verdes y a un modelo económico que no implique la expansión continua. Solo así podremos ponernos en una senda sostenible. Sobre ello está el diálogo, el cual está  encabezado, sobre todo, por las nuevas generaciones.

La COP26, celebrada en Glasgow, es un gran esfuerzo internacional para combatir la emergencia climática. Sin embargo, los jóvenes siguen manifestándose y denunciando la falta de acción. ¿Qué más se debe hacer?

La juventud tiene la obligación de expresar lo que siente. Es normal que estén cansados, lideren protestas y pidan más, porque no se va al ritmo que toca. Sin embargo, es cierto que se están sentando muchos presidentes tratando de ver a qué se pueden comprometer teniendo en cuenta los condicionantes económicos y las alianzas. ¿Vamos lentos y hay políticos que se ponen de perfil? Sí, pero también hay líderes que están apostando fuerte y que cuentan con ambición para legislar. De hecho, no son una minoría: entre ellos están Estados Unidos y Europa. Considero que todo el mundo está jugando el papel que le toca; lo realmente triste es que no vamos a la velocidad necesaria. Si este panorama lo hubiéramos tenido hace 10 años, sería mucho más optimista. El problema es que ya no tenemos tiempo.

¿Cómo ha afectado la pandemia a la lucha internacional contra el cambio climático?

Cuando hay una crisis sanitaria, la igualdad explota. Los países se centran en las necesidades internas y nos volvemos egoístas cuando vemos peligrar nuestras vidas. Sin embargo, esa reacción inicial tiene que suavizarse por el uso de la razón. En el último G20 se adquirió el compromiso de que la vacuna llegase al 70% de toda la población mundial. Esta actitud debe ir pareja con los fondos de transición justa. Es un debate complicado de materializar, pero hace falta un tiempo para que se asiente y funcione.

¿Cuál debe ser el papel de la ciudadanía y de los gobiernos para abordar la crisis climática?

La ciudadanía tiene mucho poder porque vota y consume. Nuestros hábitos de consumo dicen a las empresas qué tienen que hacer. Hay que castigar a las empresas que van en dirección contraria y premiar a las que lo estén haciendo bien. El poder es enorme, y los mensajes deben ser los de votar y consumir responsablemente.

¿Es la crisis climática una oportunidad para potenciar el impulso de la conciencia ecológica?

El futuro está en invertir y construir de la manera que toca, evitando patrones obsoletos. No todo es negativo: hay una oportunidad estratégica y los países que abracen el desarrollo de las tecnologías y las energías verdes saldrán favorecidos en el futuro. En definitiva, las desigualdades siempre generan problemas. Cuando se necesita un cambio global hay que pensar en que este tiene que ser en términos de igualdad. Nuestro sistema actual es ese, pero hay que avanzar a un sistema que de manera natural neutralice las desigualdades.