Circle by Ecoembes Número 4

El placer de estar vivo en Doñana

El placer de estar vivo en Doñana

¿Cómo os puedo explicar desde estas teclas el aroma de una mañana de primavera o la textura de la luz durante un atardecer de otoño en Doñana? Es imposible. Como tampoco puedo describir la sensación que produce el suave tacto de la arena fina de la duna en los pies descalzos o el sabor intenso de una varilla de hinojo paseando entre los lucios. Puedo compartir la imagen de una puesta de sol en la marisma, pero no es lo mismo que estar allí y verla hasta que las lágrimas te dejan. Puedo añadir un archivo sonoro con la aflautada melodía de la oropéndola cantando en el pinar, pero nunca sonará como suena en el pinar. Porque no: no hay forma de expresión capaz de transmitir el profundo placer de estar vivo en Doñana. El placer de ir caminando por la dehesa, ese bosque amable de suelo mullido y hierba fresca, embrujado por la canción de los jilgueros y el perfume de la ge...

Si el aire es de todos, la contaminación también

Si el aire es de todos, la contaminación también

Nueve de cada diez personas en el mundo respiran aire contaminado, lo que provoca enfermedades, sobre todo cáncer de vejiga y pulmón, alergias y muertes prematuras. Un aire sucio también empobrece nuestra calidad de vida. O tomamos medidas o, de aquí a 2050, cuando los núcleos urbanos hospeden al 70% de la población mundial, las consecuencias serán aún más trágicas. Más de doce millones de personas pierden la vida cada año en el mundo a causa de la contaminación del aire, una cifra 234 veces superior a las muertes que provocan los conflictos armados, según datos de la ONU; es decir, la mala calidad del aire es la responsable del 23% de las defunciones que se registran en el mundo y del 25% de las de niños menores de cinco años. En nuestro país, la exposición a contaminantes ambientales sesga la vida de 21.000 españoles, de las cuales al menos 15.000 son atribuibl...

Mensaje en una botella

Mensaje en una botella

Los datos –corean investigadores, empresas, Administraciones Públicas y titulares por doquier– son el petróleo del siglo XXI. Suscriben que la ingente cantidad de información recopilada gracias al big data permitirá generar nuevos modelos de negocio fundados para la toma de decisiones e, incluso, replanteará nuestra relación con la naturaleza. El futuro está por escribir, pero de algo no cabe duda: la data era transformará –ya lo está haciendo– el mundo de pies a cabeza. Esta revolución digital despierta, como toda ola de cambio, nuevas esperanzas y no pocos temores. Hasta hace poco, el big data se imaginaba como un sujeto peligroso, un inmanejable amasijo de ceros y unos con voluntad propia que venía a colarse en nuestras casas y arrebatarnos la intimidad y la seguridad. A deshumanizarlo todo. Una vez más, los árboles no dejaban ver el bosque. Lo revolucionario d...